Mi bebé aprende a caminar

Mi bebé aprende a caminar.

Hablar de una fecha determinada en la que todos los niños comienzan a dar sus primeros pasos es completamente imposible. Algunos empiezan a ponerse de pie alrededor de los ocho meses. Otros, en cambio, prefieren ampliar la etapa del gateo hasta los diez, doce o, incluso, quince meses.

Hablar de una fecha determinada en la que todos los niños comienzan a dar sus primeros pasos es completamente imposible. Algunos empiezan a ponerse de pie alrededor de los ocho meses. Otros, en cambio, prefieren ampliar la etapa del gateo hasta los diez, doce o, incluso, quince meses.

Uno de los instantes más emocionantes para papá y mamá son los “pininos” del bebé. El orgullo se refleja en el rostro si el pequeñín caminó precozmente, y hay preocupación si ya el retoño roza los 15 meses y aún no se anima a erguirse y andar. Mi hijo caminó a los 10 meses. Mi esposo y yo esperábamos esa prontitud, porque nuestro chico siempre demostró habilidades motoras y desarrollo físico temprano: se sentaba a los 4 meses, gateó a los 5 y a los 8 ya experimentaba poniéndose de pie, ante la mirada horrorizada de su abuelo paterno, quien sentenciaba: “que no se pare tan pequeñito, porque se vuelve ‘gambeto’”. Lo cierto es que caminó antes que amiguitos mayores en meses, ante el estupor de los otros padres. El motivo de esta disparidad de fechas es muy sencillo. No todos los niños evolucionan con igual rapidez. Sus músculos no adquieren la fortaleza suficiente al mismo tiempo y por lo tanto, guiados por una especie de instinto natural, esperan a dominar campos tales como el equilibrio o la seguridad en sí mismo antes de lanzarse a la caminata. Para controlar todos estos aspectos es necesario que el niño haya podido desplazarse con completa libertad unos meses antes. Ya sea a gatas o arrastrándose sobre su barriguita, estos son los primeros peldaños que tendrá que escalar nuestro pequeño para alcanzar su gran objetivo. Uno de los grandes motores que suelen impulsar a los niños a andar es la curiosidad. De ahí que sea tan importante que nuestro enanito tenga el suficiente espacio para investigar y poner a prueba sus aún poco desarrollados musculitos. Además es vital proveerle seguridad, para evitar accidentes que pudieran ser prevenidos. Por ejemplo: su casa tiene escaleras que lo llevan a otro nivel, pues cerciórese de que el bebé no se precipitará por ellas, bien sea por su vigilancia o colocando esas barandas que “cercan” los espacios inadecuados para el pequeñín. Es cierto que, a veces, estas pequeñas señales de independencia pueden provocarnos un cierto temor ante los posibles peligros, pero es inevitable. Nuestro hijo necesitará recorrer una y otra vez el pasillo de casa, en una especie de reconocimiento del terreno, antes de decidirse a buscar un apoyo que le permita erguirse. Quizá escoja la mesa de centro del recibidor o puede que el protagonista sea el revistero del cuarto de estar. Lo importante es que de la curiosidad pase a la confianza y de ahí a la valentía de ponerse de pie, aunque la decisión le cueste algún que otro morado. Para nuestra tranquilidad, debemos saber que es muy difícil que un niño de doce meses se haga un daño irremediable aprendiendo a caminar. Y menos por una caída desde su altura. 

Tomado de edufam.com