Bebé: Pulmones sin Neumonía

  • 7/13/2011 5:57:31 PM
  • Bebe

Las infecciones pulmonares forman parte del grupo de infecciones del tracto respiratorio inferior, de las cuales, la mayoría son leves y sólo requieren tratamiento ambulatorio. La neumonía es una de estas infecciones de los pulmones, concretamente es una inflamación del tejido pulmonar y está producida, generalmente, por virus o bacterias. Es una enfermedad frecuente en la infancia, pero se cura en la mayoría de los casos sin secuelas.

¿Cómo se adquiere y se transmite?

En general, las neumonías se producen por inhalación de microorganismos, aunque en ocasiones pasan a través de la sangre cuando estos microorganismos son transportados a partir de otros focos. La enfermedad se transmite a través de la tos, que libera gérmenes al aire, pasando a las vías respiratorias de otras personas previamente sanas.
Así, los principales factores de riesgo son la asistencia a la guardería, tener más hermanos, así corno el tabaquismo pasivo y cualquier enfermedad crónica de base.

Causa vírica o bacteriana

La neumonía vírica es la más frecuente en niños menores de entre tres y cinco años, y se resuelve sin tratamiento antibiótico. Existen múltiples virus responsables de esta enfermedad como el virus respiratorio sincitial (VRS), virus influenza (gripe), para influenza, adenovirus, rinovirus, etcétera. Pero hay que destacar el VRS corno la causa más frecuente de infecciones del tracto respiratorio inferior, en especial, de la bronquiolitis, que se produce en los niños frecuentemente desde noviembre a marzo de cada año, y sobre todo en los menores de dos años. Además, el VRS es el responsable de la mayoría de las neumonías en los lactantes, y la causa de muchas hospitalizaciones.
A partir de los cuatro años, la neumonía bacteriana es más común, habitualmente como complicación de un proceso infeccioso viral que afecta a las vías respiratorias inferiores, y que requiere tratamiento antibiótico. Entre las bacterias más frecuentes que lo producen están el neumococo, que puede aparecer a cualquier edad; el haemophilus influenzae y los gérmenes llamados atípicos como el Mycoplasma pneumoniae, más frecuente a partir de los tres-cinco años, y la Chlamydophila pneumoniae.

Tos y malestar general

Clínicamente es muy difícil distinguir entre neumonías bacterianas y víricas. Ambas cursan con fiebre, tos, malestar general y, con menos frecuencia, dificultad respiratoria. Los niños pequeños suelen estar decaídos y respiran más rápido de lo habitual. Los mayores pueden referir dolor en el pecho o en el abdomen. A veces, se asocian también cefalea, vómitos y dolores musculares.
Habitualmente, los casos de neumonía se resuelven sin secuelas y el niño podrá reanudar su actividad escolar cuando se normalice el estado general.
Sin embargo, en otras ocasiones (poco habituales) la neumonía puede complicarse y acompañarse de líquido y/o pus en la cavidad pleural, que rodea los pulmones, lo que dará lugar a signos de gravedad como fiebre alta, afectación del estado general y dificultad respiratoria importante. Se denomina derrame o empiema pleural, y últimamente asistimos a una mayor prevalencia de esta complicación por algunos serotipos agresivos de neumococo, como el serotipo 1 y el 3. Esta complicación requiere ingreso hospitalario para la administración de antibióticos intravenosos y, en ocasiones, colocación de un tubo de drenaje torácico para evacuar el derrame.

El diagnóstico de la enfermedad

Se realiza mediante una buena historia clínica y exploración física practicada por el pediatra. En la mayoría de las ocasiones, se realiza una radiografía de tórax para confirmarlo, sobre todo en aquellos niños que presentan dificultad respiratoria.
Muchas veces, a estos niños, se les mide la saturación de oxígeno mediante un aparato llamado pulsioxímetro conectado a un sensor que se coloca en algún dedo de la mano o el pie. Esto es eficaz para evaluar la gravedad del proceso y para su control y seguimiento.
Para conocer la causa de la neumonía se puede practicar un test rápido que detecta virus como el VRS o influenza (gripe) de una muestra del moco nasal, y cuyo resultado puede estar disponible en unos 30 minutos, orientándonos respecto a la causa.
En otras ocasiones se hace una extracción de sangre para evaluar parámetros como el hemograma y los reactantes de fase aguda, como son la PCR y la procalcitonina, que pueden orientarnos sobre la causa de la neumonía (vírica o bacteriana).
El pediatra deberá, además guiarse por la edad del niño, la gravedad del proceso y el ambiente epidémico, para orientar un tratamiento correcto.

¿Se puede prevenir?

La neumonía admite una cierta prevención mediante determinadas medidas y, principalmente, a través de las vacunas. El lavado de manos, por ejemplo, es una buena práctica higiénica, ya que limita la diseminación de infecciones virales.
La vacuna contra haemophilus influenzas es sistemática, protege eficazmente y está incluida en todos los calendarios vacunales de las distintas comunidades autónomas.
La vacuna contra el neumococo, aunque controvertida, también es eficaz para evitar infecciones neumocócicas invasoras como algunas neumonías por neumococo, además de meningitis y otras infecciones graves. En los últimos meses se han aprobado dos nuevas presentaciones de esta vacuna que incluyen nuevos serotipos, lo que amplia los niveles de protección, pero aún no está incluida como sistemática en el calendario vacunal, excepto en la Comunidad de Madrid.
La vacuna de la gripe estacional también es una buena herramienta para evitar sus complicaciones, como otitis media aguda y neumonía, y ya desde noviembre de 2008 es recomendada por la Academia Americana de Pediatría para incluirla en el calendario vacunal de todos los niños sanos desde los seis meses a los 18 años.
Además, para prevenir esta enfermedad hay que evitar el tabaquismo pasivo y apostar por la lactancia materna, que protege de las infecciones respiratorias.

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