Los niños no siempre lloran porque les pase algo malo. Por eso, primero hay que averiguar la causa: calor, frío, cansancio, hambre, pañal sucio, gases, reclamar cariñitos... Y luego, intentar solucionarla.
1. Si llora por gases, aplica calor sobre su tripa, hazle suaves masajes en el sentido de las agujas de reloj y dobla sus piernecitas hacia arriba para facilitar su expulsión.
2. Para valorar la temperatura del niño, toca su pecho o espalda y quítale o ponle ropa. No la calcules tocando sus pies o manos porque siempre tienden a estar fríos.
3. Cambia el pañal si está sucio o incluso dale un baño porque siempre aumentará su sensación de bienestar.
4. Si el llanto es continuo y quejoso quizá esté cansado: reduce los estímulos.
5. Si no hay causa aparente ponle una música relajante, cógele, cámbiale de postura y hazle cariñitos.