Características de un Recién Nacido

  • 11/16/2009 5:35:24 PM
  • Bebe

La mayoría de las mujeres embarazadas imaginan el momento cuando por fin tengan a su pequeño en brazos, y se encuentren cara a cara con una criatura perfecta y hermosa. Si bien es cierto que los sentimientos generados por ese nuevo ser hacen que los padres lo consideren el más lindo sobre la faz de la tierra, no por eso se pueden desconocer ciertos detalles no tan bonitos, pero sí absolutamente normales. A continuación, te presentamos un repaso, de la cabeza a los pies, que describe algunos de estos aspectos poco atractivos.

Cabeza. A no ser que nazca por cesárea, el paso del bebé por el canal de parto es un proceso que puede resultar lento y traumático, lo cual genera un alargamiento de la cabeza. Aunque esta forma cónica parezca un tanto alienígena, no tiene nada de malo pues con el transcurso de los días se irá transformando, poco a poco, hasta adquirir la apariencia normal.
Asimismo, notarás algunas zonas huecas. Estas áreas se llaman fontanelas y gracias a ellas se facilita el recorrido por el cuerpo de la madre para llegar al mundo, además de permitir que el cerebro crezca naturalmente. Existen seis pero, por lo general, sólo dos son visibles: una en la parte superior de la cabeza, con forma de rombo, y otra encima de la nuca la cual parece un triángulo. Las fontanelas desaparecerán alrededor de los 18 meses.

Pelo. Mientras unos niños nacen con tanto pelo que parecen hijos de Tarzán, otros llegan al mundo completamente calvo. Sin embargo, esto no es reflejo de cómo serán en el futuro pues incluso a los primeros se les cae el cabello tarde o temprano, y no es sino hasta alrededor de los 6 meses cuando comienza a aparecer el definitivo. Es común, en cualquiera de los dos casos, una especie de caspa pegada al cuero cabelludo: es la llamada costra láctea y se forma por una de las hormonas que la madre transfiere a su hijo. No intentes quitarla porque puedes lastimar al bebé, lo mejor es dejar que se caiga sola o pregúntale al pediatra cómo debes tratarla. Ahora bien, la cabeza no es el único lugar del cuerpo donde puede haber pelo. Existe otro muy delgado y suave, casi como una pelusa, llamado lanugo, que aparece especialmente en la espalda, los hombros, las mejillas y la frente, pero se desvanece de forma natural unas semanas después del parto. Este vello es más notorio en los bebés prematuros.

Ojos. Al poco tiempo de haber llegado al mundo, los pequeños abren los ojos. Aunque pueden ver, se les dificulta enfocar ya que los músculos aún no se han fortalecido y es por esto que parecen bizcos todo el tiempo. Este fenómeno también se debe a la falta de puente nasal. Al principio, las imágenes más nítidas son las que tienen, aproximadamente, 20 centímetros, la distancia entre su cara y la de la madre cuando ésta le da de comer. Lo anterior no significa que necesite gafas o que se vaya a quedar así de manera indefinida. Cuando alcance los 4 meses, sus ojos dejarán de torcerse y alcanzará la visión normal de un adulto.

Pecho. Sin importar si es niño o niña, es probable que nazca con el pecho inflamado. De hecho, en algunos casos los pezones secretan un poco de líquido de aspecto similar al de la leche. Esto no es síntoma de nada malo, simplemente se debe al estrógeno que la mamá le pasó durante el período de gestación. En cualquier caso, no intentes apretarlo ni lo molestes, la inflamación desaparecerá en un par de semanas.

Genitales. Las hormonas -tanto de la mamá como del bebé-, así como el traumatismo del proceso de nacer y otros cuantos factores hacen que los genitales, tanto de niños como de niñas, se inflamen y luzcan amoratados. En los primeros, la bolsa escrotal suele estar hinchada, por una acumulación de líquidos que luego se expulsan de manera natural. Además, es común que presenten erecciones frecuentes, especialmente, minutos antes de orinar. En las niñas, se ven los labios mayores un poco grandes en proporción con el pequeño cuerpo. Asimismo, es frecuente que presenten una leve descarga vaginal parecida al flujo o con algo de sangre.

Extremidades. Gran parte del tiempo que pasan dentro de la barriga, los bebés permanecen con los brazos y las piernas doblados hacia su tronco, y las manos cerradas con los puños apretados. Esta posición fetal es la misma que adoptarán en muchas oportunidades en el mundo exterior por cuestión de costumbre. Poco a poco, ellos estiran sus extremidades y se van enderezando.

Uñas. A primera vista, sorprenden por su tamaño pues son bastantes largas desde el momento de nacer, por eso te piden llevar cortaúñas o tijeras a la clínica. Pero más tarde notarás que su principal característica es lo afiladas que pueden llegar a ser. Basta un suave roce contra la cara del bebé para que causen un marcado rasguño. Para evitar que se lastime, mantén las de tu pequeño siempre cortas. La manera más fácil de hacerlo es mientras duerme.

Piel. Otra falsa creencia es la de que los niños llegan al mundo con la piel perfectamente lisa y pareja. En realidad, la mayoría tiene resequedad, nace con manchas de distintas formas y colores y vasos sanguíneos rotos. Además, muchos bebés sufren de acné neonatal, unos granitos blancos o rojos los cuales aparecen alrededor de la boca, la nariz y las mejillas. Ninguna de estas manifestaciones precisa que salgas corriendo a consultar a un dermatólogo. Para fortuna de los padres, la gran mayoría de ellas se curan sin necesidad de tratamientos médicos.

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