La Primera Revisión del Bebé

  • 1/24/2011 10:03:08 AM
  • Bebe

Hay muchos datos por recabar, anotar, comparar, valorar... y todos son tan importantes que seguirán revisándose, como mínimo, en los controles programados durante el primer año. Así, para entender la importancia de esta cita, lo mejor es checar punto por punto. La longitud.

La longitud, de momento, igual que el peso, depende de factores genéticos y de las condiciones de la gestación. Lo norma, a nacer, es medir entre 48/52 centímetros. ¡Pero ojo!, para medir al bebé hay que recostarlo sobre un infantómetro y estirar totalmente sus piernas. Esta postura todavía le resulta molesta, pues no hace mucho tiempo estaba encogido en el útero materno. Por eso, a veces, el dato no es exacto. De hecho hay padres que se sorprenden al comprobar que su hijo ¡mide mismo que cuando nació!.

El perímetro craneal. Se toma ajustando una cinta métrica al perímetro máximo de la cabeza, por encima de las cejas y encima de la prominencia occipital. Este dato también se midió al nacer (la media es de 34 o 35 centímetros), pero entonces podía estar afectado por el moldeamiento del cráneo tras el parto. Determinar periódicamente el perímetro cefálico del bebé aporta información sobre el desarrollo de su cerebro y permite detectar problemas asociados a macrocefalias o microcefalias.

La auscultación torácica. El primer mes de vida es una etapa de adaptación a la vida fuera del útero materno. El corazón debe trabajar intensamente para proporcionar oxígeno al organismo que está en continuo crecimiento. Es por esto que la frecuencia cardiaca del lactante hasta que cumpla un año es de 110 a 170 pulsaciones por minuto. Su frecuencia respiratoria también va a gran velocidad: 40-60 respiraciones por minutos, frente a las 16 por minuto de un adulto.

Se explora su cuerpecito centímetro a centímetro. El pediatra continúa con el chequeo palpando el abdomen del bebé para comprobar que el desarrollo de los órganos internos (estómago, bazo e hígado) es el adecuado. También revisa los genitales y echa un vistazo al ombligo con el fin de verificar que ha cicatrizado bien y que no hay hernia umbilical. Mira un oído, luego el otro y de pronto, ¡plaf!, hace un ruido fuerte para ver si reacciona. «¿Acaso esto no va a terminar nunca?», parece que dice el pequeño, molesto mientras le enfocan con una luz para comprobar su reflejo fotomotor. Pero aún queda un ratito para terminar. Eso sí, lo que viene ya no es tan molesto.

El peso. Te habla del estado nutricional del bebé; es decir, de su salud desde el punto de vista de la alimentación. En este sentido, es probable que el primer mes haya resultado caótico. Un niño sano nacido a término pesa entre 2.5 y 4 kilos.

En sus primeros cuatro días de vida, suele perder de 5% a 10% de peso porque elimina el meconio (el primer contenido intestinal) y la orina acumulados durante la gestación. En torno al décimo día, recupera el peso que tuvo al nacer y ahora, con un mes, lo sobrepasa en unos 500 gramos. Estos altibajos en el crecimiento serán constantes hasta el año. Por eso, si todo va bien, se recomienda pesar al bebé una vez al mes y no cada semana.

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