Aprendiendo los colores

Alrededor de su primer año de vida, tu hijo vive una etapa llena de descubrimientos. Observa y estudia todo aquello que le rodea, su forma y su lugar en el espacio. Ya te habrás dado cuenta de que sus juegos se basan prácticamente en apilar y encajar objetos, de este modo asimila conceptos como arriba, abajo, delante, detrás, grande, pequeño, etc. El aprendizaje de los colores será posterior.

Aunque ya puede discernir e identificar los objetos según su color predominante, aún necesitará tiempo para memorizar y nombrar los distintos tonos. Y es que la paleta es infinita, sin contar los distintos matices, gamas, mezclas, etc. ¡Hasta a nosotros nos cuesta distinguir entre un azul verdoso y un verde agua!

Por lo tanto no debes alarmarte si tu hijo se empeña un día en decir que su pelota es naranja y al día siguiente amarilla. Para los niños de esta edad asociar el nombre de un color concreto a un objeto es aún complicado de entender. Son conceptos abstractos que tardará en asimilar. Si bien tú, en casa, puedes ayudarle a establecer las bases de este aprendizaje.

Paso a paso.El aprendizaje de los colores es un proceso con tres fases diferenciadas:

1. Al principio el niño percibe los colores, pero no los distingue.
2. Después distingue los colores y reconoce que son diferentes.
3. Finalmente es capaz de comparar y relacionar dos o más objetos con una misma propiedad, el color. (El plato azul y el vaso azul).

Para enseñarle los colores conviene comenzar a hacerlo de uno en uno, de forma progresiva y lógica, empezando por los primarios (azul, rojo y amarillo). El siguiente paso será asimilar los conceptos de claro y oscuro y más adelante los colores secundarios.

Sin duda el color rojo es el más llamativo y atractivo para los ojos del pequeño y por lo tanto el más fácilmente reconocible. Elige este color para captar su atención. Hazle saber que su coche es rojo y es muy bonito, como las rosas o los tomates. Así, existe el coche rojo y el coche que no es rojo. Una vez aprendido este concepto ya puedes añadir un color más.

Esta opción es más eficaz que presentarle el mismo objeto en varios colores, especialmente si todavía no maneja muy bien el lenguaje.

Poco a poco irá distinguiendo los colores, a medida que también se va desarrollando su vocabulario. Aunque si tarda en adquirir esta habilidad no te obsesiones. Es preferible que el aprendizaje sea progresivo y natural, no un curso intensivo.

En tus conversaciones con él, acostúmbrate a añadir junto al nombre de cada cosa o gesto cotidiano el color que lo acompaña (Toma, un lazo rosa, Estoy doblando el pantalón marrón). A la hora de pedirle el nombre de un color resulta más efectivo plantear la pregunta indirectamente ¿Me das el rotulador verde?, ¿Quieres la camiseta roja o la azul?, en lugar de hacerlo de manera directa: ¿De qué color es este rotulador?. Si lo haces así evitarás que se canse al quinto ¿de qué colores es...? del día.

Más actividades para aprender...

El momento de la comida es el escenario perfecto para enseñarle los colores de una forma amena. En la mesa nombra cada alimento y su color.

Una manera divertida de enseñarle los colores secundarios es empleando plastitina. Ofrécele pastas de colores azul y amarillo; dile que los junte y... ¡sorpresa! ahora la plastilina es verde. ¿Qué pasará con el rojo y el amarillo?

Guarda en una caja distintos objetos de colores y pídele que los saque según su nombre y color.

El clásico y sencillo juego del Veo veo es idóneo para asociar los objetos a los colores.

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