¿Aversión al baño?

Lo primero, tiene que seguir nuestro ejemplo. Debe ser consciente de que nosotros también nos duchamos todos los días. Explícale que, para tener amigos y llevarse bien con la gente, es imprescindible oler bien, y para eso hay que lavarse todos los días, limpiarse los dientes...

El problema también puede ser que el momento del baño interrumpe sus juegos. Ir a la ducha significa para él dejar de jugar, recoger e irse a la cama. Así que para hacerla más fácil, convierte este momento en un juego. Podrías llevarles algunos juguetes al baño o hacer todo el proceso más lúdico. Por ejemplo, jugar a nombrar cada parte que vas lavando. Tu hijo debe ir diciendo en voz alta qué parte estás limpiando e intentar adivinar cuál viene después.

Intenta también que sea un momento relajado. No debes ponerte nerviosa ni gritar, así sólo conseguirás que él se altere más. Debes ser firme y no rendirte, igual que hay que cenar, hay que ducharse. No le permitas saltarse el baño ningún día porque no te ves capaz de seguir luchando con él; si gana un día, habrás perdido para siempre.

E igual que le regañas si hace algo malo, alábale los días que se vaya a la ducha sin rechistar y en cuanto tú se lo ordenas. Todos los niños buscan agradar a sus padres, y cuando lo consiguen, se sienten muy felices y repiten aquello que logró ese momento de admiración.

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