Celos y recelos ante la llegada de un bebé

Muchos hogares se enfrentan en ocasiones a la difícil tesitura de la llegada de un hijo con un animal en casa. Para conseguir el ambiente más óptimo de convivencia, resulta necesario seguir algunos consejos para evitar un mal trago al animal o una agresión por celos al niño. Muchos futuros padres y antiguos dueños se preocupan por si tener una mascota y un bebé a la vez es una buena idea. La mayoría de veterinarios y pediatras creen que sí, siempre que se tomen medidas previas y se prepare al animal.

De la misma forma en que los niños y las mascotas pueden ser compañeros inseparables, también se puede dar el caso de que se sientan amenazadas por la incorporación de un nuevo miembro a la familia. Los bebés no son sólo nuevos aromas y sonidos sino, lo que es peor, una continua atención por parte del amo hacia el bebé. Los especialistas recuerdan que es imprescindible seguir pasando tiempo con la mascota, dedicarle algunos minutos al día a solas y siempre demostrarle que no ha sido reemplazado.

El gato
Los felinos suelen ser menos sociables que otras mascotas. Por tanto, podría darse el caso de que el gato ignore completamente al bebé. Aunque no tienen la necesidad de mostrar agresión hacia el «nuevo», pues no se socializan en manadas, lo que peor llevan estos animales es ser molestados. Un bebé quita tiempo y atención a los amos que podrían distraerse de darle de comer o hacerle caricias cuando al gato le plazca. Sin embargo, pese a la imagen de independientes que se tiene de los gatos, si se ha formado un lazo muy fuerte con él, entonces sí que podría sentirse rechazado y llegar, incluso, a dejar de comer.

Los perros se lo pueden tomar mucho peor. Les suele resultar confuso e invasivo. Pueden dejar de comer, deprimirse e incluso no querer relacionarse con los dueños. Intentarán llamar la atención destruyendo cosas y actuando extrañamente. Los perros necesitan muchísimo afecto, sobre todo si ya contaban con él antes. Aunque normalmente lo miran con curiosidad, sin presentar signos de agresividad hacia ellos, algunos podrían tomárselo como un mamífero extraño, o una posible pieza de caza. Los canes que no han conocido a un bebé con anterioridad no saben que se trata de la «cría» de los seres humanos y les sorprende muchísimo.

Lo primero que se debe hacer ante cualquier mascota es asegurarse de que está totalmente sana. Todas las vacunas en orden, desparasitados, y ningún tipo de enfermedad contagiosa. En segundo lugar los nuevos padres se deben asegurar de que su animal de compañía nunca tuvo ningún comportamiento agresivo hacia niños y adultos, y no tenga una gran instinto de caza. Después, los padres deberán seguir unas sencillas intrucciones hasta que el niño tenga unos diez años. No se debe dejar de interactuar a ambos en solitario hasta que el bebé tenga esa edad. La mayoría de las mordeduras, por parte de los perros, se producen en menores de cinco años, cuando ambos estaban jugando. Además, el 80 por ciento de los casos no había un adulto que los vigilara.

Cuando llegue el bebé al hogar, no hay que castigar al animal doméstico si curiosea a su alrededor. Hay que dejar que le huela y le vea. Tampoco se debe aislar completamente a la mascota del niño, sin llegar a dejarles solos. Hay que dedicar al menos 10 minutos al día a interaccionar, agradarle con lo que los dueños sepan lo que más les gusta, ya sea un paseo por el parque o 10 minutos de caricias. Se debe intentar conseguir que la mascota asocie experiencias agradables con la presencia del bebé. Excitar lo menos posible al animal, hacerle mucho caso y que el bebé (algo si cabe más utópico) no altere las horas de sueño de su mascota. Cada semana, LA RAZÓN se ocupará de los derechos de los animales. Se hará de forma alternativa, una semana, el sábado en las páginas de Sociedad y, la siguiente, el domingo en A Tu Salud.

Con previsión y sin sorpresas
Un poco de previsión y mucha atención pueden evitar muchos problemas en casa. Lo primero que hay que hacer es organizar un horario que se amolde al bebé. Los paseos, la alimentación y juegos se deben ciudar al máximo y mantener cuando llegue el pequeño. El nuevo inquilino traerá consigo un sinfín de fragancias nuevas. Por tanto, se puede ir acostumbrando al perro a estos olores, enseñándole previamente, por ejemplo, el de alguna loción. En cuanto a la nueva habitación, se debe permitir al can olisquear libremente y que se familiarice con los nuevos objetos. Evitarle sorpresas al perro es el mejor truco para una buena relación.

Tomado de www.larazon.es

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