“El nene no come”

Los especialistas afirman que las fluctuaciones del apetito son normales siempre que el chico se mantenga activo y crezca de una manera normal. Además, si un chico come algún bocado a deshora, por ejemplo un alfajor o un chocolate, es probable que a la hora de almorzar no tenga apetito.

El ser humano, en función de su crecimiento, cumple determinadas etapas. En los primeros seis meses de vida, un chico tiene una incorporación de tejido graso muy grande y un crecimiento acelerado. Y tiene una demanda de alimento muy importante. Esta demanda empieza a disminuir a partir de los seis meses. Entre el año, o los 15 meses, y los tres años, ellos atraviesan una etapa de inapetencia fisiológica, que es funcional y, de alguna manera, hay que respetarla.

El momento de los hábitos alimenticios

En la etapa de inapetencia fisiológica se consolidan los hábitos de alimentación. Pero es en este momento en que las madres realizan el mayor número de consultas porque su hijo “no come”. Lo que sucede es que las madres están habituadas a un ritmo en que el lactante se sentaba a comer y dejaba el plato limpio.

A partir del año y medio comienza un período de socialización, de incorporación de hábitos alimentarios, pero también de selección. Entonces, puede que un chico quiera mucho un alimento y luego lo abandone.

Una vez cumplidos los 5 o 6 años, durante el preescolar, empieza a formar más cantidad de tejido graso y comienza a tener un crecimiento más rápido. Por consiguiente, las demandas de energía son mayores.

Los nutricionistas destacan la importancia de consolidar correctos hábitos alimentarios. La consulta al pediatra por inapetencia suele coincidir con el hecho de que, con el afán de que se alimente, la madre suele perseguir a su hijo con la comida, o le ofrece sustitutos que no son importantes desde el punto de vista nutritivo: golosinas, “snacks”, o bebidas que tienen aditivos y endulzantes. De esta manera, su conducta alimentaria se altera. El chico sabe que si no come, va a obtener lo que quiere.

A veces la inapetencia fisiológica o normal se instala por circunstancias del contexto familiar. Pero también la inapetencia puede ser secundaria a una patología aguda. Una consulta frecuente se produce porque el niño no se alimenta cuando padece un trastorno respiratorio o gastrointestinal. Tanto los chicos como los adultos, cuando atraviesan una enfermedad, están inapetentes, y esto es normal.

Alimentos y afectos

La relación del grupo familiar con el chico a través de la comida tiene una gran importancia, pero hay que tratar de que esto no se sobredimensione, para que la necesidad de gratificar al hijo y de cuidarlo no se realice solamente a través de la comida.

Cuando la inapetencia se ha instalado, hay que verificar el aumento de peso y estatura del chico. Los médicos disponen de tablas de referencia, según el sexo. Con esta información van evaluando al paciente. Si el chico se aleja de su carril adecuado sin una causa visible, los especialistas evalúan si esta inapetencia tiene relevancia en relación a una enfermedad o patología.

Pero lo importante, según los expertos, es ver en qué contexto se está produciendo esa inapetencia. Porque a veces está relacionada con la historia familiar. No sólo hay que analizar lo orgánico desde el punto de vista de los nutrientes que se incorporan, sino también observar qué pasa en el marco familiar, indica la especialista. Hay chicos que por falta de afecto, no se alimentan.

Pero puede haber otros motivos: competencia con los hermanos, por ejemplo. La inapetencia emerge siempre dentro de un contexto. Con quién come el niño, si llega de la escuela y se encuentra con una comida rápida preparada, si se trata de un chico que nunca comparte una comida con su madre y sus hermanos, son todos factores a tener en cuenta cuando se está frente a un niño inapetente.

Tomado de buenasalud.com

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