Ha crecido pero Come Poco

Resulta que el niño ha cumplido dos años y parece que su apetito no sólo no ha aumentado, ¡ha disminuido! ¿Cómo es posible, en plena edad de crecimiento? Tiene su explicación, y saber que es algo completamente normal te evitará muchos dolores de cabeza y conflictos perjudiciales en la relación con tu hijo.

La Neofobia ..., ¿Qué Es ?
Por un lado, hacia los dos años comienza un periodo conocido como neofobia, es decir, una clara resistencia a los alimentos nuevos. El niño necesita separar los alimentos (aislar los chícharos), tocarlos (darle vueltas entre sus dedos, comprobar su textura y consistencia), olerlos (comprobar si le gustan), catarlos (tímidamente, para valorar su sabor), y entonces decidir si se lo come o no se lo come. Al estar acostumbrada a ese bebé que no ponía resistencia, esta nueva forma de enfrentarse a la comida te produce, cuando menos, desconfianza.

Tu interpretación del cuadro es que el niño no tiene hambre, tanto darle vueltas a todo... Pero es una interpretación errónea. Lo cierto es que la neofobia supone un momento crucial en su maduración.

«Es la manera que tienen los pequeños de empezar a estructurar su alimentación ya afirmar su personalidad; implica maduración». Hasta tal punto es importante respetarlo, de otra manera puede tener consecuencias negativas en su desarrollo y, en la relación con mamá y papá.

Aún te toca decidir si se viste de rojo o verde, llevarlo o no a la guardería, ponerle un moño o raparlo... Pero hay asuntos que empiezan a depender de él y en los que necesita manifestarse con libertad y entre ellos está su alimentación.

Por otra parte, el niño «utiliza sus agujeros» cuando tiene la necesidad de «enfrentarte» para construir su personalidad. A partir de esta edad empieza a hacerse pipí cuando quiere, popó cuando tiene ganas, puede vomitar voluntariamente, y come... cuando le apetece. Si no estás de acuerdo con su nueva actitud (aquí mando yo) y lo fuerzas a comer, siempre tiene la opción de negarse e iniciar un enfrentamiento o vomitar. Porque aquí, ahora, también manda él.

Así que a partir de ahora necesitas contar con tu hijo para alimentarlo. La cooperación es la nueva forma de relación. ¿Pero esto no supondrá un desequilibrio? ¿No se morirá de hambre? En absoluto.

Errores Dietéticos
Puedes objetar que, aparte de toquetear los alimentos hasta el aburrimiento, el niño empieza a comer proporcionalmente menos que cuando era un bebé. También tiene explicación: aunque lo veas más grande, sus necesidades energéticas son menores. Si de bebé engordaba en torno a los 600 gramos al mes, a los dos años está ganando unos 170 gramos, más o menos. Unos meses ganará más y otros menos, pero lo cierto es que su cuerpo crece a un ritmo más lento.

«Por otra parte, los envases comerciales siempre apuntan como cantidad aconsejable una media alta, y son pocos los niños que aceptan esa cantidad recomendada». Cada pequeñín tiene una necesidad variable y hay que individualizarlas en cada caso: es importante que te guíes por ellas y no por información externa.

Otro error común es no espaciar las comidas lo suficiente. Para tener apetite el estómago debe estar vacío (las golosinas, galletas o chucherías también ocupan espacio). Pero hay niños con una digestión más pesada que otros, y hay alimentos que se digieren despacio. La leche, por ejemplo, la misma que le das como si fuera agua, tiene un componente de difícil digestión (la caseína) que mantiene al estómago ocupado durante mucho tiempo. «Es importante evitar un exceso de lácteos, sobre todo de leche», sobre todo en época calurosas en las que los niños suelen sudar mucho y la digestión es más lente

Riesgos de la Ansiedad Materna
En resumen, respecto a la cantidad y el intervalo entre comidas, tienes frente a la persona que mejor sabe medir sus necesidades. Confía en él, ponle atención a su apetito. Pero, ¿no se pasará entonces el día sin comer, o comiendo porquerías? , te preguntarás. No. Puedes educarlo para elegir bien, sin necesidad de obligarlo a comer más de lo que necesita. Según algunos estudios, la principal causa de que un niño sano no coma es la ansiedad paterna relacionada con la comida. Increíble, pero cierto, la mayoría de las veces son los padres parte del problema. Tu empeño es un arma de dos filos. Entonces, si es tan malo, ¿por qué lo haces?

Hay una parte de ti que aún cree que ser buen padre está ligado a que tu retoño se desarrolle de forma saludable, con ese especial concepto de “saludable” ligado a unos kilos de más. Culturalmente, sigue vigente la idea de que un niño gordito es un niño sano.

Se da por sentado que apetito y salud van de la mano. No estamos educados para respetar el apetito en todas sus facetas. Lo que un niño necesita comer no coincide con lo que se considera que debe tomar. Hay que dejar de preocupase por las cantidades y valorar que el niño siga su “canal de crecimiento”: si crece y se desarrolla adecuadamente, todo está bien. .

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