Presumidos Por Naturaleza

Con frecuencia se pasan el día alardeando: «mira qué rápido subo las escaleras de la resbaladilla (¡y eso que está muy alta!)», «¿a ver tú colúmpiate así?»... A muchos también le da por inventar historias sobre sí mismos y exagerar sus proezas.

La mayoría de los niños de tres años cuentan con capacidad sobrada para empezar a destacarse de su papel del «dulce bebé» y entrar en otra etapa muy distinta: la del autocontrol. Acceder a esta fase equivale a colocarse en la rampa de despegue para ser más grande (casi nada).

No Hay Quien Pueda Superarlos en Nada

Pero analicemos con calma a situación: por una parte su madurez psicomotriz les permite logros casi impensables hasta hace poco (por ejemplo, mojar una galleta en un vaso de leche) y su capacidad lingüística los habilita para expresarse con soltura aunque todavía se les trabe la lengua con algunas palabras). Además, el amor y el apoyo de unos padres que adoran a su retoño aportan valiosos granitos de arena a su personalidad. Así que, de pronto, los pequeños empiezan a ser conscientes de su identidad y a sentirse distintos de las demás personas. Por todo ello, en este momento nace en su raciocinio el importante concepto de logro.

Hay que reconocer su esfuerzo aun cuando no haya salido victorioso. Ahora valoran de sobremanera cualquier conquista relacionada con la destreza físico (las de tipo intelectual, éticas y sociales aún no es interesan demasiado). Como consecuencia, los niños de esta edad comienzan a interesarse con colaborar en ciertas tareas (como cortar la lechuga para preparar la ensalada o poner la mesa) porque eso contribuye al desarrollo de su seguridad.

En realidad, cuando un niño dice que es el mejor y que siempre gana, o hace por explicarse a si mismo sus aptitudes y crear un concepto personal. Esto tiene relevancia porque dicha noción, junto a las reacciones que sus actuaciones provocan en los demás (admiración, de desinterés, de rechazo), influirán en su forma de asumirse interiormente... Y también en su actitud ante desafíos «complejos» -para él, claro- como abotonarse, usar el tenedor o comer helados que insisten en derretirse.

Además con frecuencia se sobreestímula su potencial

Sin embargo, en este momento eso resulta positivo porque los anima a superar sus propias marcas. Como también han adquirido un concepto particular de sí mismos y de los demás, muchas veces se comparan con sus amiguitos («Jaime corre mucho, pero yo salto mejor»).En ocasiones también pretenden abarcar mucho al mismo tiempo («Yo puedo llevar una bolsa más, si puedo») y, a final... no puede con tanto. Entonces hay que proteger y modelar su afán emprendedor.

Por Fin Soy Eficaz (¡Como los Adultos!)

Cuando el niño percibe que sus acciones causan efecto («logré que el tren funcionara ¡sin ayuda de nadie!») y estas demuestran que posee cierto control empezará a comprender la noción de competencia y sentirse eficaz. Por supuesto, el que tenga un buen juicio de sí mismo y adquiera seguridad resulta más que deseable. Para que así ocurra, conviene que, en su vida, a proporción de éxitos supere a la de fracasos. ¿Le podemos ayudar? Claro que sí; echándole una mónita con disimulo mientras «él sólito» pela e plátano o lava su plato... Esto ayuda a equilibrar la balanza a favor de los triunfos. Pero hay algo aún más valioso y que ejerce una poderosa influencia sobre los niños: unos padres que no se rinden fácilmente ante la adversidad, que son tolerantes con los errores de los demás, que valoran el esfuerzo y se guían porque todo se consigue con empeño, representan el mejor ejemplo para un niño que pretende «comerse» el mundo.

Modelos son Mamá y Papá

«¡Quién pudiera ser tan fuerte como papá!» (un gran deseo). No es nada fácil conseguirlo, desde luego. Aunque, ya se sabe: de tal palo, tal astilla... Así que, quizá sólo haya que esperar unos años. De momento ya se siente el más fuerte de su colonia, y cualquier día de estos conseguirá igualar a su padre, (pero, ¡uf!, no está claro, a lo mejor no, ¡papá es mucho papá)...

Los progenitores constituyen los principales modelos para los hijos, y parte del interés de estos por crecer y «ser los mejores» se fundamenta en ese afán por igualarse a ellos. Todo lo que él tiene de presumido lo tiene de inseguro, y esa tendencia continúa a demostrar sus habilidades, esconde en el fondo, una necesidad de cariño y apoyo. El aliento familiar es el mejor incentivo para crecer feliz. No olvides sobre todo, que aunque ya parezca (o él quiera parecer) niño grande, aún los necesita muchísimo.

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