Que tendrán los zapatos

Se los ponen hasta para dormir. Son los zapatos de sus sueños: les encanta ensenarlos y los llevan con orgullo. Pero no solo eso. Desde que empiezan a caminar, el calzado se convierte en un elemento importante que influirá en su desarrollo físico. Lo ideal seria que pudieran deambular descalzo, pero como esos es imposible salvo en contadas ocasiones, los zapatos brindan esa protección y seguridad necesaria para evitar que se haga daño. 

Diseño o comodidad? 

A los dos años de edad acaban de adquirir la destreza de caminar con gran soltura, aunque su madurez total no se logra hasta cumplidos los cinco. Hasta entonces, los pies cumplen la función de ir ganando apoyo, equilibrio y progresión en el paso. Por eso, es necesario que el calzado actué como continuidad del pie y le garantice plena libertad de movimiento, pero a la vez lo proteja. 

Es muy fácil sucumbir a las modas y al bombardeo publicitario que recibimos a diario tanto los niños como los adultos. A las niñas (y algunas madres) les encantan el tenis rosados con dibujos de princesas, y ellos enseñaran con la satisfacción de quien tiene un verdadero tesoro las camisetas con la imagen del héroe de moda. Y eso sin hablar de esos zapatos que se iluminan cada vez que dan un paso.

Pero por encima de lo bonito o divertido que pueda ser un calzado, y por mucho que los pequeños se empeñen en comprarse un determinado modelo, hay factores básicos que conviene tener en cuenta antes de comprarlos.

No hay que olvidar que los pie del niño esta en constante crecimiento y que su desarrollo no se completan hasta final de la adolescencia. A edades tan tempranas, los pies son aun muy blanditos y flexibles porque están formados por músculos y cartílagos, lo que hace que sean más vulnerables a un calzado que los oprima o los obliguen a adoptar una forma que, obviamente, acabara perjudicándolos. 

Lo importante: El Material, La Forma y el Número

Cuando un calzado es demasiado duro impide que el pie del niño desarrolle bien sus funciones de equilibrio y movimiento. Por eso, a la hora de elegirlo es esencial tener en cuenta el material, la forma y el tamaño adecuado. 

Cuando vayas a comprarle unos zapatos, es casi imprescindible que el pequeño este presente para que pueda probárselos. Es mejor que se ponga los dos a la vez y que camine un poco por el almacén para que te diga si le resultan cómodos o si, por el contrario, le aprietan en algún punto, le rozan o le quedan demasiado grandes y le baila dentro el pie. Es importante que el zapato, aunque sea abierto (tipo sandalia) le ajuste y le sujete bien el pie. Por eso debes evitar las chancletas, los mocasines o las valerianas que son muy escotadas y se les pueden salir con facilidad. Tampoco conviene usar botas muy gruesas, pensando que así están más protegidos. El material debe ser flexible en todas las partes del zapato, con mayor protección en la punta y el talón, pero sin sobrepasar la articulación del tobillo. 

En cuanto a la elección del número, hay que tener en cuenta que a esta edad los pies crecen unos tres centímetros al año, lo que obligara a tener que revisar la talla al menos cada cuatro o cinco meses y adquirir un par de un número mayor. No obstante, aunque conozcas su talla, es conveniente saber que un mismo número puede variar de una marca a otra. Las hormas varían. No le van a quedar igual dos zapatos de distintos modelo por eso es recomendable probárselo siempre. 

Como acertar con la talla 

El calzado debe permitir el libre desarrollo y movilidad del pie del niño. Es fundamental que se sienta cómodo y protegido: lo ideal es que tenga la sensación de caminar descalzo. Cuando elijas el modelo, pruébaselo con las medias puestas y mejor por la tarde, cuando los pies están un poquito más dilatados. Entre el dedo gordo y la punta del zapato debe quedar un espacio de entre 0.5 y 1.5 centímetros. Para asegurarte de que es su talla hay que presionar la punta por fuera para comprobar si los dedos la rozan. De ser así, el zapato es pequeño.

Errores

Elegirlos muy grandes. A veces comprar zapatos de un número mayor del que necesita para que le duren más tiempo. Al niño le resulta muy difícil caminar con un zapato en el que le bala el pie o que se le sale constantemente: le obliga a adoptar una postura que a la larga son perjudiciales. Además, pueden provocarle caídas.

Ponerle botas para que le sujeten el tobillo. Si el calzado no permite la libre movilidad del tobillo, esta perjudicando su desarrollo. Por eso, las boticas deben utilizarse solo para protegerlo del frio.

Abusar del tenis. Conviene que los usen con moderación porque la mayoría están fabricados con plásticos, que favorece una sudoración excesiva y puede provocar irritaciones en los pies e incluso hongos. Es mejor elegirlos de piel o de lona, que son más transpirantes o, al menos, evita que los usen mucho tiempo.

Heredar. Es muy frecuente que hereden zapatos de sus hermanos o de otros de la familia. Sin embargo, es una práctica poco recomendable ya que los pies son siempre anatómicamente diferentes y cada niño tiene una manera particular de caminar. Unos zapatos usados siempre llevan la huella de su dueño anterior, pueden estar deformados (aunque apenas lo notes), y es probable que al caminar le rocen o no le resulten cómodos. Salvo que estén completamente nuevos, es mejor no usarlos.

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