Se Despiertan sus Sentidos “De la 21 a la 25 Semana”

El feto no se aleja ya de lo que pueda tocar con las manos o con los pies, como hacía unas semanas antes. Por el contrario, en esta fase, no rechaza el contacto de sus manos, sino que suele abrir la boca, con más o menos frecuencia, e introducir en ella el dedo pulgar. ¡Y parece que le gusta!

21a Semana

Que sí, que me chupo el dedo.
Con 24 cm de talla y un peso de unos 440 g, tiene el cuerpo recubierto de una pelusilla y, aunque todavía muy fino, cada vez tiene más pelo en la cabeza. Su entretenimiento principal ahora consiste en intentar alcanzarse el pulgar para chupárselo y... ¡ya está: lo consiguió! Así es como entrena su instinto de succión para cuando mame nada más nacer. Al mismo tiempo, da traguitos de líquido amniótico, que su sistema digestivo digiere, ensayando para cuando a su estómago lleguen las primeras bocanadas de la leche de mamá. El aparato respiratorio sigue su evolución normal y los movimientos pre-respiratorios son frecuentes.

22a Semana

¡Vaya ojazos!
Ahora pesa medio kilo y mide unos 26 cm. Su piel sigue estando arrugada, ya que todavía no contiene grasa de relleno, pero tiene un color menos rojizo, es más gruesa y ya no se ve la red venosa que la surca. ¡Ya tiene pestañas!, aunque los ojos están siempre cerrados; el iris adquiere su color definitivo marcado por la genética, pero hasta semanas después de nacer no lo apreciarás.

23a Semana

Mis futuros dientes.
De la cabeza a los pies mide de 28 a 30 cm y su peso ronda los 560 g. Este hombrecito o mujercita –en esta fase ya se diferencian perfectamente los órganos sexuales, aunque los testículos todavía no han descendido al escroto- tiene ya un proyecto de dientes: los brotes dentales segregan el marfil que necesitarán luego sus futuras piezas de leche. Las células nerviosas (o neuronas) están ya definitivamente formadas, y sólo queda que se complete la conexión entre ellas, indispensable para poder conducir los influjos nerviosos, es decir, los mensajes mandado por el cerebro. Pero este fenómeno no sucederá hasta pasados dos años después del nacimiento.

24a Semana

¡Me encanta tu voz!
El feto sigue moviéndose mucho: de 20 a 60 movimientos cada media hora, lógicamente con variaciones a lo largo del día, ya que tiene fases de vigilia y de sueño. Engorda día a día: con sus 650 g y 30 cm de talla, acumula algo de grasa debajo de la piel y ésta se hace más gruesa. Tiene uñas en las manos y en los pies que, en ocasiones, se pueden apreciar en las ecografías; y se mueve mucho: gira, estira un brazo, pedalea, da paradas... es decir: ¡no para! Si te acaricias la tripa, notarás que te responde con un movimiento. También reacciona ante los sonidos. Si piensas que su mundo es muy silencioso, te equivocas; vive en un entorno muy bullicioso: el latido de tu corazón, el que hace la sangre que circula por las arterias y la placenta, tu respiración, ruidos del sistema digestivo. Los de fuera, llegan a sus oídos de forma muy nítida: la música suave le relaja y con tu voz se llega a dormir.

25a Semana

¡Qué nervios!
En este periodo aumenta de peso, hasta llegar a 750 g, distribuidos en sus 32 cm de largo. El ritmo cardiaco ha descendido hasta las 140-150 pulsaciones por minuto. Lo más destacable es que las neuronas continúan su diferenciación, y sus conexiones forman un frondoso entramado. Cuantas más establezca, mejor funcionará su cerebro. Los nervios conducirán los impulsos de la médula hacia los músculos. Su cara se afina: se ven las cejas, el perfil de la nariz y las orejas.

Qué notarás

- Quizás sufras pequeñas hemorragias en la nariz y en las encías, o puedes notar que una diminuta herida sangra en abundancia. ¡No te asustes! Es debido a que el volumen sanguíneo ha aumentado mucho; por lo menos el 25 por ciento de la sangre es utilizada directamente por la placenta.

- Puedes sentir mareos, vértigos o sensación de debilidad, por ejemplo, al levantarte bruscamente de la cama. Todo está relacionado con lo anterior: el aumento de volumen sanguíneo produce una dilatación de las venas y una disminución en la presión arterial.

- A causa del importante trabajo y la cantidad de sangre que deben filtrar, los riñones aumentan de tamaño y pueden ocasionarte ciertas molestias. Bebe mucha agua para ayudarles y evitar posibles infecciones.

- Tu bebé oprime tu aparato digestivo. Comas lo que comas, sentirás el molesto ardor de estómago, por el reflujo de los alimentos contenidos en el estómago hacia el esófago.

- Por suerte, ya no tienes esos cambios de humor tan repentinos, pero continuas dejándote las llaves dentro de casa u olvidando dónde aparcaste el coche.

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