El autismo es una discapacidad del desarrollo que abarca un amplio abanico de comportamientos con grandes diferencias en el grado con que afecta a cada niño; de ahí el término “espectro” que acompaña a su denominación. Se sospecha que un pequeño padece un trastorno autista si se le observa una “triada” de dificultades: interacción social, comunicación e imaginación.
Los niños autistas son también muy resistentes al cambio; se encuentran cómodos en las rutinas. El problema de diagnosticar un trastorno del espectro autista a los menores de dos anos es que lo anterior es perfectamente atribuible a casi todos los niños “normales” de esa edad.
No obstante, si te preocupa su desarrollo social, emocional y de comportamiento, aunque solo sea una intuición y no sepas exactamente que es lo que va mal, pide ayuda. Los trastornos autistas afectan más a los niños que a las niñas y, según los especialistas, esto se debe a ciertos factores físicos, de posible origen genético, que afectan el desarrollo del cerebro.
El mundo puede ser un lugar tenebroso y desconcertante para un niño autista, porque el carece de la creciente percepción social y el gusto por la interacción que caracterizan estas etapa del desarrollo. Puede ser hipersensible al sonido y a determinados sobares, texturas y tactos, convirtiendo la vida cotidiana de su familia y la suya propia en algo extremadamente difícil. Las rabietas o el retraimiento son comunes en los niños autistas, porque para ellos la vida puede resultar abrumadora.
Si tú, o quien cuide a tu hijo, sospecha que puede estar en el espectro autista, existe mucha ayuda e información disponible, incluyendo programas de intervención temprana, educación parental y grupos de apoyo.
Aunque el autismo es incurable, hay varios programas que pueden ser muy efectivos para algunos niños de corta edad, y en muchas ocasiones, es cuestión de ir probándolos para ver cuál es el que mejor se adapta a cada pequeño. Parece que resulta muy provechoso para los niños más jovencitos el tratamiento precoz e intensivo en el que los padres o algún voluntario enseñan a un niño a relacionarse y a jugar en casa durante varias horas al día. Otros programas ayudan a los padres a comprender y a comunicarse con sus pequeños.