Cuando el Ratón Pérez se adelanta.

Siempre lo mas facil será pensar que, para que a mi niño no le pase nada, lo mejor es guardarlo en una cajita de cristal. Pero nada más lejos de la realidad –mención aparte que el vidrio también corta-, por lo cual lo más sano será asumir que, en lugar de truncar las oportunidades de desarrollo y disfrute de los hijos, lo oportuno es dejarlos ser y hacer. Eso sí, siempre y cuando se tengan los ojos bien puestos sobre ellos.

Con todo y eso, los accidentes pasan, y entre ellos aquellos relacionados con la boca del niño, una de las zonas del cuerpo más propensas a sufrir tras una caída o un desafortunado pelotazo. De allí que los traumatismos dentales ocupen un importante espacio en la agenda del especialista en Odontopediatría, tal como lo admite la doctora Sonia Feldman, del Instituto Diagnóstico de San Bernardino.

A su consultorio suelen llegar madres angustiadas con su niño agarrado de una mano y un diente desprendido en la otra, sin saber si lo que hicieron llegando así estuvo bien y con todas las esperanzas cifradas en la experticia de la odontóloga para que les resuelva el problema. Eso, en el mejor de los escenarios, pues no faltan aquellos padres que dejan la solución en manos del destino y la buena suerte, sin siquiera llamar al médico u odontólogo de la familia.

Según Feldman, no obstante, lo primordial es que en tales circunstancias los adultos tengan muy claro cómo actuar desde el primer momento en el lugar donde ocurre el accidente, pues esos minutos que se pierden pueden costar, según la gravedad del caso, la sana y bonita sonrisa de quien sufre el infortunio.

Calma antes que nada

Entre los traumas dentales, el tipo más frecuente es la fractura del tercio incisal y medio de la corona del diente, y, en ese caso, se puede reconstruir con resina el pedazo perdido; inclusive, si el paciente trae la porción del diente, se le puede pegar con un cemento resinoso, explica la doctora antes de dar otras especificaciones: Mientras más pequeña sea la fractura, mejor es el pronóstico; asimismo, cuando el ápice del diente (o raíz) está abierto, el pronóstico es mejor a cuando el ápice está completamente formado; muchas veces, en este último caso, hay que realizar tratamiento de conducto para preservar con éxito el diente.

Otro traumatismo dental frecuente es la avulsión o pérdida completa del diente. Para atender esto hay dos indicaciones, en función del tipo de pieza que se trate. Si el diente es de leche o temporal –comienza explicando la especialista- se contraindica colocarlo otra vez en posición en su alveolo o cavidad. La razón por la cual no se debe ubicar este tipo de dientes en su lugar, está directamente relacionada con el hecho de que así se pondría en riesgo el diente permanente que se está formando, además de que también es factible que se propicie una infección.

De cualquier manera, siempre es recomendable acudir al especialista lo más rápido posible, pues éste determinará si hace falta prescribir la colocación de un mantenedor; muchas veces (y especialmente cuando ya están formados los caninos) esto se hace más que todo por razones estéticas y fonéticas, y no tanto por resguardar el espacio, según advierte Feldman.

Ahora bien, en el caso de que la avulsión ocurra con una pieza ya permanente, sí es determinante colocar de inmediato el diente en su sitio e ir directo al odontólogo para que lo revise, tomar radiografías de ser necesario y ver si hace falta una férula que evite su movimiento. Es importante que se puedan volver a formar ahí los tejidos de soporte del diente para que se instale firmemente, puntualiza la especialista.

No obstante, suele pasar que la persona adulta que atiende al niño cuando ocurre el accidente no se sienta segura de colocar el diente en posición, por lo cual allí lo que procede es introducir la pieza en suero fisiológico o leche, e incluso colocarlo debajo de la lengua de la persona a la que se le cayó (siempre y cuando no sean niños muy pequeños) y acudir lo más rápido posible al odontólogo.

La ecuación que hace Feldman a propósito de esto es contundente: Mientras más rápido se acuda al odontólogo, mejor será el pronóstico. Si se tarda mucho, el pronóstico pasa a ser reservado, pudiendo ocurrir que se comience a absorber la raíz y se formen abscesos, lo cual podría implicar la pérdida definitiva del diente.

El tercer tipo de traumatismo dental frecuente en los inquietos niños de la casa es el desplazamiento. Según explica la doctora Feldman, puede ocurrir que, ante un golpe o tropiezo, el diente se mueva hacia arriba (intrusión) o hacia los lados (lujación). Para ambos casos sigue siendo recomendable acudir al odontólogo, pero particularmente en el primero de ellos, se debe hacer una radiografía para determinar si no está afectado el diente permanente en formación; lo que toca después de eso es esperar a que el diente baje solo (cuestión que usualmente ocurre). En el caso de una lujación, muchas veces el odontólogo o el propio adulto que acompaña al pequeño pueden colocar el diente en posición.

Lo fundamental en todo esto, según termina por advertir Feldman, es mantener la calma. Cosa difícil, dirá cualquier persona implicada alguna vez en un atolladero de este tipo, pero habrá que hacer el mejor esfuerzo. De ello dependerá que una llegada intempestiva del ratoncito Pérez no pase a mayores.

Tomado de:
El Universal / Estampas

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