Cuidado con las etiquetas (Travieso, Malcriado, Llorón, Tímido)

Por ejemplo, la mayoría de los niños de año y medio son bastantes temerarios. Acaban de lograr la conquista del espacio mediante la adquisición de la habilidad para desplazarse solos y en el momento en que perfeccionan la técnica un poco, se ven seguros y sienten el deseo irrefrenable de andar por todas partes. Esto implica, por supuesto, que no valoran que peligroso puede ser un piso mojado o resbaladizo, ni una mesa demasiado alta, ni un enchufe desprotegido.

La terquedad (necesaria para autoafirmarse y descubrir quien son) es otro rasgo de esta etapa en la que se rebelan contra todo formalismo y rutina: cambiarse el pañal, sentarse en el coche.

Lo mismo ocurre con la posesividad (es la etapa del “¡mío!”) y otras muchas actitudes que demuestran que su relación con el mundo no siempre es fácil: rompen todo lo que pasa por sus manos, lloran cuando no pueden expresarse… Es difícil valorar que comportamientos de tu hijo son registros propios de su desarrollo y cuales muestran rasgos de personalidad. Por eso resulta muy importante tener cuidado con lo que esperas de ellos y con las etiquetas que les pones en este momento: no solo van a ser nocivas para su autoestima, sino que además pueden resultar opuestas al verdadero yo que reside en su interior y por tanto, impedir su correcto desarrollo emocional.

Ustedes son los espejos de sus hijos: sus mensajes y opiniones sobre ellos, lo que les dicen y les muestran con gestos, conforman su autoestima, la opinión que los niños tienen de si mismo, lo que creen que valen. Y son los mensajes que reciben de sus padres (y los de nadie mas) los que conforman la imagen que tiene de si mismos, puede que la abuela diga: “Es un caprichoso”; pero si los padres no opinan lo mismo y se lo hacen saber de diferentes manera, el niño no se sentirá marcado por esa etiqueta. Cuando describes a tu hijo como “Torpe”, “Llorón”, “Terco”, “Flojo” o “Maleducado”, el niño concluye que esas deben ser sus cualidades y sin dudarlo (porque confía ciegamente en sus padres), las incorpora como parte de su grupo personal y afectivo con el que va a contar para crecer.

Poco a poco, sus mensajes sobre si mismos los niños van construyendo eso que se llama “autoimagen” y lo harán reflejando sus juicios y opiniones, porque los chiquitos jamás se van a cuestionar si las etiquetas que sus padres les ponen son adecuadas o no lo son: lo que van a cuestionarse es su propio valor.

Y como todo, pequeño y adulto nos comportamos y desenvolvemos de acuerdo a la imagen que tenemos de nosotros mismo. La ecuación que resulta es sencilla: si el niño piensa y siente que es, por ejemplo, un desastre (egoísta, distraído, terco, desobediente, caprichoso…), le va resultar muy difícil comportarse a lo largo de su infancia de otra manera que no sea esa. ¿Y por que? Debido a que, de lo contrario sentirá que “no es el”.

Tímido (“Es un Antisocial” , “Es muy Callado”)

Un niño tímido es un pensador, un observador de la vida, un intelectual en miniatura, maestro de las pequeñas cosas y muy disciplinado, que disfruta los placeres más sencillos. Huye de las multitudes, pero se siente como feliz cuando esta con los suyos. Afectuoso, cariñoso hasta el extremo y prudente en sus avances (únicamente actuara cuando este bien seguro de hacerlo, pero una vez que lo haya hecho no mirara atrás), solo muestra sus encantos cuando comprueba que esta entre amigos. Por eso, conquistar la sonrisa de un tímido tiene doble valor, porque este pequeño no se deja seducir fácilmente: hay que estar a la altura de su enorme corazón. Un tipo interesante, ¿no lo crees?

Travieso (“Es un desobediente”, “Es un insensato”)

Este pequeñín es un explorador nato, un valiente, una personita que sabe asumir ciertos riesgos puede tener buena recompensas. Su creatividad es desbordante y siempre sabrá ver en las cosas más sencillas las utilidades mas complicadas. Ni los obstáculos ni las amenazas se hicieron para frenar a este pequeño de carácter optimista y dicharachero (que seguro contara con grandes destrezas físicas para llevar a cabo con éxito sus malabarismos!). Tendrá facilidad para resolver problemas, porque ideas no le van a faltar.

Llorón (“Llora para todo”)

El don de la comunicación es solo para unos pocos. Y estos niños son grandes comunicadores. Capaces de albergar en su interior gran variedad de sentimientos, su limitado lenguaje aun no les acompaña para expresarlos y los comunica mediante llanto. Cuando aprendan a hablar con soltura, estos pequeños no se callaran ante nada y verbalizaran su intensa vida interior y sus experiencias. Serán contadores de historia y excelentes narradores. Sabrán como hacerse entender hasta en los más pequeños matices y mostraran su mapa afectivo sin perder detalle. Tiene suerte: desde el inicio de sus días lucharon por expresarse y a su lado siempre hubo alguien dispuesto a escucharlos.

Cariñosos (“Pegado a las faldas de su mama”)

La ternura se hizo para los que saben apreciar las cosas buenas de la vida. Y estos pequeños son unos “gourmets” de las emociones. Saben lo que es mejor para ellos (los brazos de mami y los apapachos de papi) y no duda en disfrutar de ellos al tope. Hogareños, familiares e incondicionales, estos niños son y serán, grandes conocedores del alma humana y sus sutilezas. Si son respetados en su gran necesidad de contacto, el día de mañana serán adultos seguro de si mismos, amigos fieles, solidarios y empáticos.

Caprichosos (“Es un testarudo”, “Todo lo quiere ya”, “No sabe esperar”)

Lo tiene claro y sabe como, cuando y donde lo quiere. Con gran determinación, un carácter de fuego y una capacidad de perseverar en sus empeños, este niño se mueve con los ojos bien abiertos y un gran poder de discriminación. Es un gran luchador. A este niño no le vale un no por respuesta, será un gran negociador que no dudara en perseguir aquello que considera bueno para si y para los suyos. Lo que hoy es llanto y pataleta, mañana será arrojo; ¡Cuidado, que a este pequeñito no habrá reto que se le resista! Como veras, las etiquetas que pones a tus hijos de penden en gran medida de cómo ves las cosas y como las vives. Tienes en tus manos todas las herramientas para cambiar el discurso y empezar alimentar su autoestima en lugar de minarla.

Desobediente ( “Es un diablillo en persona”)

Aquí tenemos a los niños más incomprendidos e injustamente tratados. Son hipersensibles (aunque parezca duros como piedras), muy inteligentes y necesitados de atención al extremo. Tras las maldades y egoísmos de este chiquitín se esconde una criatura excepcional que necesita ser descubierta y acompañada porque a menudo se siente solo. Tras su desobediencia se están expresando un deseo profundo de cuestionar lo establecido y sus negativas nos invitan a una interesante reflexión educativa. Es un diamante en bruto que necesita ser pulido.

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