Educar sin pegar

Los expertos aconsejan poner límites claros al niño pero insisten en que el castigo físico provoca en el niño miedo, lo que le hace muchas veces olvidar el verdadero motivo por el que se le recrimina. Los padres deben fomentar en el niño la seguridad, el respeto, la confianza y la protección, cuestiones que difícilmente se logran con violencia.

La violencia puede paralizar temporalmente al niño pero tendrá consecuencias negativas, como insensibilizarle ante el dolor ajeno y enseñarle a resolver sus problemas con violencia. Además, muchas veces los progenitores se sienten culpables por haber golpeado a sus niños, lo que les lleva a comportamientos contradictorios que pueden confundir a los pequeños; e incluso traducirse en darle al niño todo lo que quiere debido a un sentimiento de culpabilidad.

Las alternativas a la bofetada

En general, los expertos apuestan por marcar los límites a los niños, enseñarles lo que está bien y lo que está mal siempre de una forma positiva y dialogando. Muchos recomiendan por ejemplo premiar las acciones correctas en vez de castigar las acciones negativas. Otros expertos señalan que en situaciones especialmente conflictivas y reiteradas quizá funcionen algunos castigos como la eliminación de algo positivo (la paga o la tele) o la aplicación de algo considerado como negativo (encargarse de limpiar el coche o bajar la basura).

Pero este castigo debe reunir una serie de requisitos: que sea inmediato, adecuado a la edad, constante (siempre que se realice la conducta se aplicará el mismo castigo), avisado (el niño sabe que si hace algo en concreto recibirá ese castigo) y acompañado del refuerzo de la conducta positiva.

Tomado de bablia.com

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