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A quién se parecerá mi bebé?

A quién se parecerá mi bebé?.

14/5/2008: Aún agotada, ves como poco a poco se acercan familiares, vecinos y amigos a animarte, y a ver a tu criatura, ese ser de carne y hueso que estaba dentro de ti.

¿Es posible que un recién nacido, con lo pequeño y renacuajo que es, pueda tener la misma sonrisa que su padre? ¿Y es posible que algunos vean la sonrisa padre y otros la de la abuela materna? ¿Quién tiene razón? Pues todos.... y ninguno. ¿Puedo anticipar cómo será el niño? Por poder, se puede, pero la cosa es bastante complicada, incluso en esos casos donde todos los miembros de una familia tienen el mismo rasgo, por ejemplo, unos ojos muy grandes.
Un nuevo miembro de esa familia puede continuar la tradición, pero no está obligado a ello. Como advierte Nicole Philip, un médico francés especializado en genética, las reglas de la herencia dejan siempre espacio para que el hijo sea diferente a los demás. No podemos decir, como se ha mantenido durante mucho tiempo, que dos padres con los ojos claros no pueden tener un hijo de ojos marrones. Cuanto más se investiga en genética, nos damos cuenta que las cosas son más complicadas.
¿Significa esto que los médicos dicen los niños no se parecerán a sus padres?

 Para nada. Todos somos hijos y sabemos que algunas cosas de nosotros (una forma de torcer la boca, una nariz, unas orejas...) son igualitas que las de tu padre, como nos habrán repetido a lo largo de toda la vida y como a su vez le repetirán a tu hijo.

Vayamos al origen de todo, al espermatozoide y el óvulo. Cada una de estas células lleva 23 cromosomas, así que cuanto se juntan suman 46 cromosomas, o moléculas de una cosa que tiene un nombre feísimo: ácido desoxirribonucleico, al que vamos a llamar un poco para facilitar las cosas ADN.

Estas moléculas de ADN tienen forma de collar, pero son unos collares con muchas, muchísimas perlas o genes. Papá, mamá, cada uno de vosotros pone en su descendiente entre 30.000 y 50.000 genes, y cada uno de estos genes va a hablar un poco de cómo va a ser el cuerpo del niño. A lo mejor papá tiene unos genes que dicen que el niño tendrá mucho pelo, que además será sedoso y rubio, y que los dedos serán delgados y alargados, pero esos genes ahora se tienen que combinar con los de mamá, que en esto como en otras cosas, lo mismo le da (a sus genes) por llevar la contraria y decir que no, que el niño tendrá el pelo castaño y los dedos gorditos.
Si ya es difícil ponernos de acuerdo cuando discutimos con palabras, ¡cómo no va a serlo cuando discutimos con genes! Pero aún hay más. Resulta que a la hora de hacer un bebé, no solo van a discutir los genes del padre y de la madre. En su día, cada uno de vosotros recibió a su vez al menos 30.000 genes de vuestros padres. Si, por ejemplo, el abuelo tenía los ojos azules mientras que la abuela negros, y el hijo (es decir, vosotros) salió con los ojos negros de su madre, pues cuando procreéis ustedes aún llevan esos genes del padre que cuando te pongas a hacer un hijo, seguirán ahí, intentando convencer al resto de genes de que lo que hay que hacer es que el niño tenga los ojos azules (como el abuelo).
Esto es sobre el abuelo, pero aún queda información genética de los bisabuelos, de los tatarabuelos y de... Parece complicado, pero para resumirlo en una frase: cada parte del cuerpo de tu hijo será el resultado de combinaciones (casi infinitas) entre la información de cada padre, madre, abuelos, tatarabuelos... Todos estamos hechos con trocitos de nuestros antepasados. Bueno, eso, y otra cosa más, porque si ya nos estábamos aclarando, ahora hay que tener en cuenta otro factor: el medio ambiente donde se dan cita los genes.
Hemos dicho que los dichosos genes se juntan y discuten a ver cuál de ellos domina y cuales otros toman el papel de recesivos (es decir, que no dirán cómo es el niño, pero intentarán imponer sus ideas cuando ese hijo intente a su vez tener otro hijo). Pero a la hora de decidir también influye el sitio donde discuten. Los genes llegan todos y se juntan en una célula, pero hay algunos que se sentirán más cómodos en esa célula (y por tanto podrán chillar mejor las características que defienden), mientras que otros genes ya de entrada no se sentirán bien en esa célula (por lo que tendrán más problemas para imponerse).
Incluso hay algunos genes chaqueteros que, después de estar un ratito en la célula, pueden cambiar de opinión y decir que el niño tenga los ojos marrones aunque toda su familia los tenga azules (estos genes traidores son los más escasos, pero también los hay).
¿Qué nos queda de todo esto? Pues algo muy bonito de esta vida, y es que los niños son todos diferentes y no hay dos personas en el mundo que sean iguales porque cada uno combinamos de una forma diferente esa información de nuestros antepasados. Eso y que cada parte de nuestro cuerpo tiene una forma que nos es dada por los padres, y por los padres de los padres, y así sucesivamente.
Estamos unidos a nuestros antepasados, y no solo por el apellido: nuestro cuerpo, de alguna forma, es el resultado de ellos.

Por: Ramón Muñiz Abad

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