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Los Cuatro Temores más Frecuentes de una Embarazada

Los Cuatro Temores más Frecuentes de una Embarazada.

1. Cuando el embarazo está en los primeros meses es casi inevitable el temor a perderlo. La sensación es de que esa vida, tan deseada y apenas esbozada, pende de un hilo por lo menos durante los tres primeros meses.

Y si no es la futura madre la que tiene esa sensación, alguien de su entorno se la transmite. En las mujeres que han sufrido abortos espontáneos el temor es todavía más grande, aunque esta situación no tiene por qué repetirse. Según estadísticas, en el 90 por ciento de los casos de aborto se debe a malformaciones genéticas del bebé, algo que la ciencia no puede tratar.

2. A medida que el embarazo avanza y se empiezan a sentir las primeras pataditas los temores se centran en el desarrollo del bebé. Ana, quien a los 38 años tuvo a su único hijo y estaba preocupada porque se sentía una mamá ya mayor, cuenta que durante el embarazo no dejó de «monitorizarlo»; «Fantaseaba con tener un cinturón Doppler todo el tiempo y escuchar constantemente como música de fondo los latidos de mi hijito; si se quedaba quieto, enseguida comía un trocito de chocolate o uvas y me quedaba con las manos en la panza esperando sentirlo». Que se mueva es lo que todas las madres piden, ya que no pueden vero, quieren sentirlo para saber que está bien.

3. Con el embarazo avanzado, la panza y el bebé crecidos, en el horizonte se perfila el parto y aparece el temor al dolor y a esos riesgos imponderables: «¿Me subirá mucho la tensión?», «¿tendré problemas de corazón? ». Todas las mamas coinciden en que estos temores les vienen de que conocen o les han contado casos de partos muy largos en los que la madre tuvo problemas de salud.

4. También hay miedos que surcan todo el embarazo o aparecen en cualquier momento, son los que se refieren a la maternidad y que hacen que la mujer se pregunte: «¿Seré una buena madre?». Con esa duda se relacionan los típicos sueños en los que a mamá no llega a tiempo para dar pecho, el bebé se le pierde en el súper o desaparece de la cuna. Si es el primero, aún no sabemos cómo seremos como madres y es lógico preguntárselo. Y si es el segundo, no es nada raro plantearse cómo lo querremos, y si seremos capaces de amarlo tanto como al primero. Y hay veces que hay que tomar decisiones como padres todavía en pleno embarazo que nos inquietan. Laura declara: «Cuando evaluaba si hacerme o no la amniocentesis era consciente de que tenía que tomar una decisión que involucraba a mi hijo. Y caí en la cuenta de que a partir de ahí serían muchas las decisiones que iba a tener que tomar por y para el bebé.»

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