Poco se dice de los problemas que lleva tras de sí postergar demasiado la maternidad. Más bien, siempre se mostró como el ideal para la mujer, ya que de esta manera podía primero desarrollarse y ser exitosa en lo profesional (y por ende ser feliz) y después, si quería, podía optar por ser madre.
La ciencia, a través de los adelantos en la biogenética, ha dado falsas expectativas a muchas mujeres respecto del manejo de su fertilidad. La fertilización in vitro, la donación de espermios, el arriendo de úteros, la maternidad sustituta, etc., son algunos de los elementos que han hecho pensar a las mujeres que pueden ser madres en cualquier momento, bastando con sólo desearlo.
Las consecuencias éticas, médicas y legales de los llamados hijos probeta -los hijos de donantes anónimos de espermios y los hijos sin padres conocidos- son enormes y aún desconocidas para la mayoría, pero poco a poco están demostrando que no todo lo científicamente posible es humanamente razonable y bueno para la sociedad.
La sociedad moderna vive en el mito del eterno progreso, que hace confiar en que los avances científicos y técnicos podrán resolver cualquier problema de nuestra vida.
Continuamente se lee en los periódicos que mujeres en torno a los 40, después de una vida cosechando éxitos, se deciden por la maternidad. Y observamos sus rostros sonrientes junto al de rosados bebés. Annette Bening, Jane Seymour, Jodie Foster, Madonna... no son treintañeras (2). Pero pocas admitirán haber recurrido a tratamientos de fertilidad, fecundación in vitro e incluso a madres de alquiler.
Los especialistas que se preocupan por colgar tales anuncios en la calle, se muestran alarmados por este falso sentido de seguridad de sus pacientes, que se desploman al descubrir que la biología ha decepcionado sus expectativas, y deben enfrentarse al drama de la infertilidad.
Al fin y al cabo, hay verdades inmutables: se nace con un número limitado de óvulos, cuya calidad genética y viabilidad se reduce con la edad. Para la mayoría de las mujeres, la fertilidad comienza su inexorable declive al inicio de los 30, tiene una gran caída a los 35, y se precipita a los 39. A partir de ahí, prácticamente desaparece.
En los Estados Unidos, el nacimiento de los primeros hijos de mujeres entre los 30 y 40 años se ha cuadruplicado desde 1970. Sin embargo, solamente el 2% de los niños nacen de madres mayores de 40 años. Cifras que son poco conocidas y menos difundidas, en especial cuando existe toda una industria de muchos millones de dólares que vive de las técnicas de reproducción artificial de los hijos.
Estereotipo de mujer exitosa
La mujer del siglo XXI se enfrenta a un estereotipo de súper mujer que debe tenerlo todo a cualquier precio: éxito profesional, bienes materiales, matrimonio, hijos, salud física, belleza, etc.
Todo esto la somete a una presión social por alcanzar ese estereotipo, lo que en muchos casos la lleva a postergar la maternidad más allá de lo aconsejable, para así alcanzar primero el tan ansiado éxito económico y profesional, y después de ello ser madre.
La televisión y el cine, por su parte, se han encargado de mostrar una generación de mujeres, las llamadas single mothers (madres solteras), aparentemente muy modernas, es decir, con una carrera profesional exitosa, que no necesitan un marido, ni siquiera una pareja estable para formar familia y que en un momento dado de su vida, pasados los treinta y tantos, deciden que están un poco solas y que les gustaría tener un hijo.
Para ello recurren a la fertilización artificial con un donante de espermios anónimo, en algunos casos, o un amigo que se presta para esto, pero que no quiere por ningún motivo ser padre, en otros.
Más aún, también pueden optar por contratar una madre de alquiler, es decir, una mujer a quien se le implanta el óvulo fecundado artificialmente, de la madre, y que arrienda su útero para que ese niño pueda gestarse y crecer durante su desarrollo fetal, con la obligación de entregarlo a la madre una vez nacido. Todo ello sin que esta última pierda su figura, deje de trabajar, etc.
Y la situación es peor aún si a lo anterior se suma la existencia de una verdadera campaña llevada adelante por ciertos sectores extremadamente ideologizados, que difunden que la familia y el matrimonio únicamente imponen costos, y que la maternidad no sólo achata a la mujer sino que, como lo han señalado algunos grupos feministas, la maternidad es la esclavitud de la mujer.
Y además está el hecho de que el divorcio normalmente deja a la mujer sola y con hijos, en una situación de mayor dificultad económica y muchas responsabilidades. No parece extraño, entonces, que la maternidad se esté postergando para edades en que resulta más difícil que ella se produzca naturalmente, y donde ni la ciencia puede ayudar satisfactoriamente.
Efectos de postergar la maternidad
Aun cuando es un hecho que muchas mujeres, principalmente en los países desarrollados, están retrasando su maternidad, principalmente por su incorporación al mundo laboral y por la falta de compromiso en una relación de pareja estable, cuando se realizan campañas como las del SEMR, a muchos les molesta esta evidencia de que la edad es un factor de riesgo al momento de planificar un embarazo y que por ende existe un porcentaje importante de mujeres que no lograrán tenerlo. Este es un paso más para comenzar una larga, agotadora y costosa empresa para poder tener hijos, que no se encuentra exenta de complicaciones.
Los problemas que pueden afectar a la madre no son pocos: aumentan las probabilidades de abortos espontáneos; crecen de 2% a 8% las posibilidades de desarrollar la llamada diabetes gestacional, que se produce sólo durante el embarazo; al momento del parto, si se trata del primer hijo, aumentan las probabilidades de que se deba realizar una cesárea (los datos en Chile al respecto son de un 23% de cesáreas en general y de un 43% en el caso de mujeres mayores de 40 años).
Así, se tiene también que después de los 40 años aumenta el riesgo de nacimientos de niños con Síndrome de Down, siendo de 1% a los 40 años, de 2% a los 43 años y de 3,3% a los 45 años.(4)
Recientemente se han conocido algunos estudios en relación con los riesgos de la fertilización in vitro. La última edición de la revista médica The Lancet (5) publicó un estudio sueco que probó una mayor incidencia de problemas cerebrales en los niños concebidos según técnicas de fertilización in vitro (IVF). Padecen desórdenes cerebrales severos que requieren tratamiento en centros especializados para niños discapacitados.
Bo Strömberg, un neurólogo y pediatra del Hospital University Children, y sus colegas, encontraron que los niños concebidos en IVF tienen entre tres y cuatro veces más posibilidades de padecer algún tipo de parálisis cerebral.
El riesgo de retardo mental es entre dos y cuatro veces mayor en los niños inseminados artificialmente que en los niños concebidos normalmente. El estudio también señaló que los niños concebidos por IVF presentan una mayor tendencia a padecer severos problemas visuales que la población en general.
A pesar de estos riesgos, y procurando dar solución a un problema que para muchas familias y mujeres puede ser muy angustioso, las clínicas de fertilización in vitro siguen aumentando y moviendo grandes cantidades de recursos.