Espacios para el Juego

Muchos pequeños tienen la fortuna de en casa tener espacio amplio para representar rincones, es decir, un lugar a donde pueden colocar cosas que les simulen lo que van a jugar, por ejemplo, una casita, un coche, una nave espacial, una tienda de abarrotes, un restaurante, entre otras muchas opciones, por lo que pueden tener un lugar para jugar a ello y recrear todo ahí, mientras que otros simplemente cuentan con un espacio pequeño como una gran caja o casita de tela que se convierte en todas las posibilidades que mencionamos antes, no importa el tamaño.

En los espacios para el juego, los niños ahí tendrán la libertad de tener conductas libres y recurrentes, se darán la oportunidad de planear, observar y amplificar la experiencia del juego e incluso, hay un método llamado High Scope que nos proporciona algunas sugerencias para trabajar en estos espacios con los niños, comenzando por decir que cada uno de estos lugares debe de tener la posibilidad de acoger a dos niños jugando de manera simultánea para que cada uno pueda tener diferentes tareas y en su interior, debe tener elementos de la vida cotidiana de los niños.

Ahora, antes de que el niño vaya a ese espacio a jugar, los papás debemos de preguntarles a los niños: ¿Qué es? ¿A que te recuerda? ¿Quieres jugar ahí? Así les ayudaremos a activar su memoria y a que se sientan libres de dirigirse ellos al jugar, pero hay que aclarar que como adultos debemos permitirles que fluya el juego y si es posible participar podemos alimentar esa relación, por ejemplo, si está jugando a una casita pueden decir: ¡Vecino, buenas tardes! ¿Me puede invitar una taza de café? Y ver si los niños nos permiten jugar con ellos, si no es así, simplemente permítanse divertirse viéndolos y observar sus acciones.

Finalmente en los espacios para el juego, queremos decirles a los papás que no nos preocupemos en estos sitios por las conductas de género, ya que los niños pueden arrullar muñecas, hacer construcciones, jugar a la cocina o hasta la limpieza, todo les ayudará a cumplir acciones en la vida que tendrán que realizar y queremos decirles que a partir de los dos años y medio, los niños empiezan por si mismos a tener conciencia de género, por lo que el jugar no afectará sus preferencias sexuales.

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