Los Papás Competitivos, Los Niños Infelices

Es cierto, la era en la que vivimos nos hace pensar que nada es suficiente y que podemos quedarnos atrás de todos los adelantos con mucha facilidad porque hay tantas opciones hoy en día que no podemos, ni queremos perdernos ninguna, así que en esta ocasión en especial tocamos el tema de la hiperpaternidad, es un modelo de educación donde los padres desean que sus hijos estén lo mejor preparados posible para la vida, que tengan los conocimientos y habilidades para tener una buena profesión, un buen trabajo y un buen ingreso económico y todos los días trabajan con ellos, desde pequeños para lograrlo, siempre pensando que es por su bien.

El problema de los papás competitivos es que los niños son infelices porque tienen una presión innecesaria que afecta su infancia y crea adultos rotos emocionalmente, ya que los pequeños dan los resultados que sus padres les piden pero a la larga se limita su pensamiento autónomo y se cierran las habilidades que le pueden dar un éxito real, porque al no darle su espacio, el pequeño frustrará su camino, le impedirá tomar sus propias decisiones, disfrutar sus acciones y conocerse a si mismo. Al exigirle a los niños en la infancia que sean los mejores, no les permitiremos ser felices, ni disfrutar lo que hacen, ni despegarán su imaginación y pensarán que nada es suficiente, así que perderán la motivación para tener logros que los motiven a seguir adelante y conseguir lo que realmente quieren.

Los niños presentarán miedo al fracaso y con esto tendrán sensaciones terribles y se sentirán limitados, por ejemplo ellos no tendrán iniciativas, no se arriesgaran cuando sean mayores, querrán seguir bajo el cobijo de los padres y llegar a lo seguro, por lo que podrían aceptar la mediocridad por temor a fallar.

Los papás competitivos tienen hijos infelices porque los niños tienen una pérdida de autoestima importante, ya que no saben lo que valen porque buscan ser tan perfeccionistas que nunca llegan a los estándares ideales para ellos y eso les genera frustración, así que no disfrutan lo que viven y esto se les quedará de por vida. ¿De verdad vale la pena exigirle tanto a un niño? ¿Hay que quitarle tanto pensando que deberá ser exitoso el día de mañana en vez de motivarlo a que sea feliz hoy?

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