Precaución en piscinas y playas

Un día de playa o piscina. Es para los niños el mejor de los regalos. Sol, agua y diversión a raudales. Sin embargo, y a pesar de los innumerables beneficios que la natación tiene para los más pequeños –ejercita los músculos, la coordinación motora y el sistema circulatorio, y fomenta su autonomía y sociabilidad- no podemos olvidar sus riesgos. Unos riesgos que, sobre todo, afectan a la seguridad y la salud de los niños. En cuanto a la seguridad, “el mas grave es, por supuesto, el ahogamiento”. Y respecto a la salud, la conjuntivitis, la otitis, los hongos y las verrugas plantares son todavía enfermedades de aparición frecuente en las piscinas.

Los niños, ¿un grupo de riesgo?. A juicio de un especialista, si lo son. “Tienen menos defensas y algunos de sus órganos, como el oído, aun no están desarrollados del todo y son mas vulnerables”. Otras razones son que a los niños les cuesta protegerse, por ejemplo, con zapatillas y tapones para los oídos y que tienen una forma de bañarse que aumenta el riesgo. “Se pasan mas tiempo con la cabeza dentro del agua que fuera”.

Y eso que la higiene y el uso del cloro en piscinas han reducido mucho la incidencia de infecciones causada por bacterias, virus y hongos. De hecho, una de las patologías mas frecuentes en este medio es la conjuntivitis, causada por la irritación que el cloro causa en los ojos, lo que, a su vez, facilita la entrada de los gérmenes. Tampoco es rara la otitis externa, que se produce por la entrada de los gérmenes. Tampoco es rara la otitis externa, que se produce por la entrada de agua en el oído. Puede provocar secreciones y bastantes molestias en los niños con otitis de repetición.

Sin embargo, y a pesar de la desinfección, algunos gérmenes sobreviven en las piscinas y en las playas, principalmente en las zonas de las duchas, los vestidores… y como a los niños les encanta andar descalzos y, además, los hongos proliferan en medios húmedos y cálidos, no es extraño que muchos sufran micosis cutáneas en los dedos y las unas de los pies, y verrugas plantares, causadas por el virus del papiloma humano. Otros riesgos durante el baño son los accidentes: torceduras, contusiones… y, en casos extremos, ahogamientos. Por eso, es importante recordar que los padres deben extremar las precauciones.

 

Ante todo, prevención. Algunos traumatismo son consecuencia de accidentes, pero otros son causados por la imprudencia de los chavales –a los niños les encanta tirarse de cabeza al agua, sin mirar su profundidad- y el descuido de sus padres. Por eso, se le recomienda a los padres vigilar de cerca a sus hijos mientras se bañan; estar a su lado si tienen menos de 4 o 5 años –aunque sepan nadar-; comprobar el nivel del agua de la piscina y estar alerta con la marea en la playa; ensenarles a cumplir las normas de seguridad –hacer caso a los socorristas sobre el uso de trampolines o el comportamiento en el agua, atender las señales de las banderas en la playa, no bañarse en caso de oleaje y en zonas de rocas-; utilizar flotadores que eviten que el niño caiga boca abajo y esperar dos horas a meterse en el agua tras una comida, ya que, esta circunstancia no causa cortes de digestión, sino que estos se producen por hacer ejercicio tras una comida copiosa –independientemente de que ese ejercicio sea correr o nadar- o por meterse en agua muy fría.

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