Ayuda a tu Hijo a Adaptarse al mundo Exterior con estos Sencillos Consejos

Una vez que nuestros pequeños crecen, llega la hora de prepararlos y ayudarles a adaptarse al mundo exterior, un cambio que a muchos se les puede dificultar, pero que tú como madre puedes hacer más sencillo.

Los especialistas sostienen que la rutina diaria es para los niños lo que las paredes son para una casa; les da fronteras y dimensiona su vida. Ningún niño se siente cómodo en una situación en la que no sabe qué esperar. La rutina le da sensación de seguridad, de allí la importancia de establecerlas desde temprana edad.

Las rutinas transmiten al niño la idea de que las cosas suceden una detrás de la otra, lo que le ayuda a predecir los acontecimientos, a preverlos y a esperarlos. Todo ello le ayuda a organizar su mundo interior y le aporta tranquilidad y confianza, lo que a su vez le facilita la adaptación a su nuevo ambiente.

El momento ideal para implantar estas rutinas es a partir de los 4 o los 6 meses (depende de cada niño), pues el pequeño ya duerme más horas seguidas y come más. Las rutinas básicas sobre las que gira la vida de un niño tan pequeño son:

• El Sueño. Para que tu hijo duerma debe aprender a distinguir el día y la noche. Le ayudarás a conseguirlo si le echas a dormir la siesta en su cochecito y dejas algo de claridad en la habitación, y por la noche le acuestas en su cuna a oscuras.

• La Comida. Debes darle de comer siempre a las mismas horas. Así su estómago se habituará a trabajar en unos momentos concretos del día y sentirá hambre cuando llegue la hora.

• El Baño. Puedes bañarle por la mañana o por la noche, lo importante es que lo hagas siempre en el mismo momento del día.

• El Paseo. Sacarle en las horas más templadas del día, un rato por la mañana y otro por la tarde, es lo ideal.

Como Deben

Ser Las rutinas te permitirán organizarte mejor con los cuidados de tu hijo y disponer de tiempo para ti, lo que te ayudará a estar más relajada y a disfrutar más de tu pequeño.

No existen unas rutinas “modelo” (dependen del carácter de cada niño y de cada familia). Sin embargo, sí conviene que estos rituales diarios sean…

• Breves. Porque si se convierten en actividades interminables llegan a perder su verdadero sentido.

• Constantes. Porque a mayor constancia, mayor automatismo y mejor capacidad para aprenderlos y asimilarlos.

• Compartidos. Para que los rituales sean efectivos, todas las personas implicadas en la educación del niño deben practicarlos de la misma manera.

Armonía Familiar

Diferentes estudios sociológicos confirman que las familias que llevan una vida organizada y siguen unos horarios regulares en las actividades diarias de sus hijos discuten menos y se llevan mejor. Esto se debe a que las rutinas convierten en automáticos los momentos más difíciles, lo que contribuye a evitar discusiones y el acumular tensión a lo largo del día.

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