Hemos perdido la costumbre de arrullar a nuestros niños

Además de prodigarles las atenciones que cubran sus necesidades materiales más elementales, debemos darles cantos , caricias y cuentos. Estas Tres C constituyen un pilar fundamental en el crecimiento y desarrollo de nuestros niños, porque les brinda un soporte psico-emocional para el futuro desenvolvimiento en la vida adulta y en la manera cómo establecen vínculos con su mundo relacional. La vida deriva la mayor parte de su riqueza y hermosura de la íntima relación que cada individuo entabla con un pequeño número de otros seres humanos: madre, padre, hermanos, pareja, y un reducido grupo de amigos íntimos. El individuo se siente unido a cada una de las personas de este entorno con un vínculo de singular solidez. El vínculo afectivo Madre- Hijo, le permite al niño establecer el apego, que es el Vínculo amoroso más poderoso que existe porque es el primero de su vida, y si se establece de manera armónica y adecuada, le permitirá ser un adulto capaz de amar y dejarse amar. Una pregunta frecuente en la consulta Pediátrica es: ¿Doctora, si cargo mucho a mi hijo (a), se va a volver malcriado? Siempre respondo que definitivamente no, que las normas de educación se establecerán a su debido tiempo, que es importante cargarlos, arrullarlos, acariciarlos, mimarlos y como refuerzo se puede recuperar la costumbre de la mecedora y del chinchorro, que ayuda a los recién nacidos a recordar su vida intrauterina a mantenerse más relajados, por ende, más felices . De manera que recomiendo arrullar a nuestros hijos recordando siempre que las naciones caminan con los pies de sus niños Dra. Rosy Barroso Pediatra – Neonatólogo Consejera de Lactancia Materna Telf: 0416-6220557

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