La Madre y el trabajo

  • 5/19/2008 6:01:01 PM
  • Mamá

A veces aparece cierta culpabilidad por sentirse satisfecha a causa de algo que no sea la función de madre, por sentirse capaz de hacer algo importante para ella misma en un lugar distinto y para otras personas, ajeno y ajenas al ámbito familiar. 

Con frecuencia, cuesta aceptar social y culturalmente que se puede ser “una buena madre” y al mismo tiempo tener libertad para hacer otras cosas.

Es preciso ocuparse del bienestar de los hijos y del bienestar propio ( y ya sabemos que cuanto más pequeños son es necesaria más dedicación, y en consecuencia más tiempo). 

Una madre que se queda en casa con frustración o resentimiento, con ganas de hacer pero sin poder, educa “peor” a los hijos que una que lleva una vida más gratificante. El tener una función que la gratifica puede generar sentimientos positivos con los que acompañar a los hijos. 

No toda mujer que trabaja fuera de su casa está satisfecha en ambas funciones y no toda mujer que no trabaja fuera permanece con frustración. No se puede generalizar, también hay momentos o etapas en que estos sentimientos pueden variar. 

A veces, esos sentimientos ambivalentes interfieren en los vínculos familiares, entorpecen, obstaculizan la comunicación, la interacción serena en el momento de la separación diaria, en el momento de “dejarlo” al cuidado de otro para partir al trabajo. 

Los ancestrales modelos maternos son transmitidos de tal modo que en la consulta diaria se escuchan planteos y dificultades de madres muy jóvenes y que al escucharlas parece que están hablando las abuelas. 

Es importante reflexionar acerca de los propios sentimientos. El sentimiento materno es positivo para el hijo si coexiste con intereses conyugales e intereses socio-culturales-laborales propios de la madre. 

No hay que educarse a uno mismo en el hijo como se fue educado o como hubiese querido serlo, ya que este hijo no tiene que ser la madre o el padre, sino que es alguien diferente y singular. 

Los hombres y las mujeres actualizan en los vínculos con el hijo las emociones inconscientes (ocultas) sentidas en su infancia para con sus padres y hermanos. 

No es raro escuchar a padres que con el embarazo de su segundo hijo se sienten “culpables” de “hacerle esto” al primogénito. Lo he escuchado no solo de padres-madres con hermanos sino también de los que han sido hijos únicos.

Cada uno debe comprenderse en la reacción que la presencia o la conducta del hijo le despierta. Y cada hijo evoca sensaciones y sentimientos diferentes. 

Es la madre el primer otro que mediatiza toda vida relacional, es ella la que debe introducirlo en la vida social con seguridad ritmada, con presencias y ausencias. 

La simbiosis madre-feto y luego la diada (relación madre-lactante) que abarca una relación sensorial y psicosomática debe articularse con el padre, con el tercero. Luego con el mundo. 

Los sentimientos por el hijo constituyen un lenguaje pre-verbal, que tiene que ver con la propia educación como mujer, con su relación con el hombre y con el medio familiar y social.

El lenguaje mental es lo que la madre siente espontáneamente y que el niño percibe. 

Si la madre sufre por tener que dejar al bebé, él también sufre; el bebé integra el sentir de la madre. 

Por tal motivo, es necesario que la separación sea un Pasaje y no una ruptura. Los Relevos deben ser progresivos, esto significa que los tiempos deben comenzar siendo cortos e intensificándolos de a pequeñas dosis. 

El bebé se debe socializar con la persona sustituta de la madre junto a ella. Compartir momentos con ambas, en los que la madre la nombra, la incluya y le permita asistirlo en su presencia. 

Por la Prof. en Psicopedagogía Lita Alfaya
Orientación a padres – Primera Infancia

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