Niños o niñas, Elegir

  • 6/17/2008 5:23:33 PM
  • Mamá

Ya Anaxágoras (500-428 a.C.) pensaba que los espermatozoides producidos por el testículo derecho daban varones, mientras que su compañero originaba descendencia femenina. Esta creencia perduró hasta el siglo XVII.

Hoy los límites están marcados por la ética y la legislación.Hay varias formas de elegir el sexo de un bebé antes de que una mujer se quede embarazada, o al menos de aumentar mucho las posibilidades de acertar. La mayoría son procedimientos desarrollados originalmente para tratar problemas de infertilidad o prevenir enfermedades genéticas, como el diagnóstico de embriones. Esta última es la más exacta y también la más complicada. Obliga a pasar por un tratamiento de fecundación «in vitro» y a descartar embriones sanos tras una biopsia, sólo por razones de género. Motivo por el que esta técnica no se popularizó, ni siquiera en Estados Unidos, donde es legal elegir el sexo de los hijos para buscar el equilibrio familiar.

Separación de espermatozoides

Pero ya existen otros métodos menos polémicos y más económicos que permiten decidir antes de la concepción. Son los que separan los espermatozoides con carga genética masculina de los femeninos, porque es el varón el que «decide» el género de los hijos.

El primero desarrollado se sirve de un tinte químico, inocuo y fluorescente. Con esta tintura, los médicos colorean el semen y lo exponen a luz ultravioleta. La técnica se basa en el hecho de que la única diferencia entre un espermatozoide con más probabilidades de engendrar un niño (con mayoría de cromosomas Y masculinos) y otro con más cromosomas X (femeninos) es que el primero tiene menos porcentaje de material genético. Así, cuanto más brillante es el destello, más ADN contiene el espermatozoide del padre, con lo que es más fácil separar las muestras de cada sexo. Bastará con inseminar a la futura madre con el espermatozoide elegido.

Técnica experimental

Este método de separación de espermatozoides se comercializa bajo el nombre de «Micro Sort». Es menos cuestionable desde el punto de vista ético porque no obliga a descartar embriones ni a manipularlos. Sin embargo, tampoco es perfecto. Su margen de error todavía es demasiado grande cuando se trata de buscar un varón, y aún no se ha despojado de la etiqueta de técnica experimental. Para confirmar o descartar su seguridad y eficacia, sus creadores han puesto en marcha un ensayo clínico que cuenta con el visto bueno de la FDA, la Agencia del Medicamento de Estados Unidos.

En el consentimiento que deben firmar las parejas para participar en este ensayo se advierte que «puede haber riesgos durante el estudio que en el presente no son conocidos, incluyendo riesgos al embrión o al feto. No se sabe si el esperma que es clasificado y separado con Micro Sort va asociado con un aumento en el riesgo de malformaciones congénitas, retrasos en el desarrollo...». El ensayo clínico en marcha tendrá la última palabra.

En animales de granja

La tecnología fue diseñada por el Departamento de Agricultura estadounidense para utilizarla en animales de granja. Después, fue adaptada para uso humano por el Instituto de Genética y Fecundación In Vitro, una clínica de fertilidad de Virginia. Hasta la fecha, se ha utilizado en más de un millar de gestaciones y 900 nacimientos. El margen de error en esta muestra es pequeño: 91% de éxito para los padres que deseaban una niña, y un 76%, para los que buscaban un niño. Sea cual sea el resultado del estudio, la pregunta que se plantean muchos ginecólogos y expertos en reproducción es si merece la pena investigar en esta nueva ciencia de la selección de sexo, sólo por el deseo de los padres. Podemos hacerlo, ¿pero deberíamos?

El Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia ha manifestado su oposición por ser «prácticas sexistas», salvo en casos en los que exista una razón médica. La hemofilia es un buen ejemplo, ya que esta anomalía hereditaria sólo se manifiesta en los hombres.

La legislación española coincide con el Colegio Americano de Ginecología. Permite a los padres elegir el sexo de los hijos sólo en caso de que puedan transmitir a su descendencia una enfermedad hereditaria ligada al sexo. No se permite elegir por razones sociales, lo que unos llaman «capricho» y otros «balance familiar».

Cuando se tramitaba la última ley de reproducción asistida, Esquerra Republicana pidió que se permitiera elegir el sexo a las parejas que ya tuvieran dos hijos del mismo sexo. La propuesta no prosperó. No existe, sin embargo, ninguna legislación que lo impida en Bélgica y en Estados Unidos, hacia donde han peregrinado numerosas parejas. El debate está en auge, y varias revistas científicas han publicado artículos con las ventajas e inconvenientes.

Desequilibrio demográfico

Buena parte de la preocupación está en el desequilibrio demográfico que podría producirse si se empezara a jugar a ser Dios. La situación de China y la India sirven como aviso. Desde que se extendió el uso de las ecografías y fue posible ver si era niño o niña antes de nacer, aumentaron los abortos selectivos de niñas. En China, la política de un hijo por pareja también incrementó el nacimiento de niños. En 2005 vinieron al mundo 118 niños por cada cien niñas. Hay quienes proyectan un exceso de 30 millones de hombres en menos de 15 años.

En los países desarrollados, el interés social por equilibrar las familias sería un instrumento tan eficaz como la ley natural. «Las familias con dos niños querrán una niña y en las que abunden las niñas se pedirán niños», indica Fernando Abellán, profesor de Derecho Sanitario y colaborador científico de la Fundación Salud 2000. En Europa no tienen tanto sentido los argumentos sexistas o demográficos -argumenta Abellán-, pero sí éticos. «La elección de sexo se planteó como un beneficio para el niño que va a nacer, al librarle de una posible enfermedad. No está pensada para satisfacer los deseos de los progenitores». En su opinión, la discusión debería abrirse en Europa. «Sería un error que cada estado tomara una decisión de forma individual».

Puede que en la UE no haya discriminación sexista, aunque algunos expertos como Catherine Salmon, de la Universidad de Redlands (EE.UU.), aventuran una nueva sociedad de familias con primogénitos mayores e hijas pequeñas. La mayoría se asegurará un niño en el primer embarazo y una niña en el segundo para completar la familia.

Al presidente de la Sociedad Española de Fertilidad, Alfonso de la Fuente, tampoco le convence. «Las técnicas de reproducción son tratamientos destinados a resolver problemas de salud. No se debe ofrecer un menú de posibilidades sin una justificación». Y advierte: «Las técnicas de separación de espermatozoides están desarrolladas con rigor científico, aunque no son totalmente fiables y las parejas buscan un cien por cien de seguridad».

 

Tomado de abc.es

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