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Los primeros alimentos sólidos y la aparición de la cuchara

Los primeros alimentos sólidos y la aparición de la cuchara.

¡Y llegó el día! La cuchara ha aparecido en mi vida y nunca hubiera imaginado que las cosas podrían cambiar tanto. Ahora ya no me cogen para comer sino que me dejan ahí sentado en la sillita y me achuchan para que trague esa pasta tan rara. Pero también me dan el biberón... ¡Mmmm! ¡me encanta! Y además me dejan meter las manos en el plato y chuparme los dedos... ¡Eso es lo que más me gusta! ¡Me lo paso buenísimo!

Alrededor de los 6 meses de vida la leche no es un alimento suficiente para cubrir las necesidades energéticas que tiene el organismo del bebé. Aunque él seguirá tomando pecho o biberón, ha llegado el momento de introducir otros alimentos. Evidentemente no se debe hacer ningún cambio en la alimentación de un niño sin consultar a su pediatra que sabrá si tu hijo ha madurado suficientemente para empezar a tomar papillas.

Los nuevos alimentos, en forma de papilla o puré, harán que nuestro hijo se vaya acostumbrando a las texturas y sabores de los nuevos alimentos. Poco a poco podremos ir introduciendo más alimentos y hacer las papillas más gustosas y diversas. Es importante no sobrealimentarlo y tener siempre presente que los buenos hábitos alimentarios se establecen muy pronto. Es bueno empezar haciéndolo bien.

¡Mmmmmm!… Las primeras papillas
Las papillas marcan el comienzo de una nueva etapa en la alimentación del bebé y suponen un gran cambio para nuestro hijo. Son sabores, olores y texturas diferentes así como una nueva forma de alimentarse a la que debe acostumbrarse. A ser posible, es conveniente que estas innovaciones las introduzca la madre personalmente y que lo haga en un momento en el que esté relajada y el bebé tranquilo.

Debemos tener en cuenta que, aunque lo hagamos de la mejor manera posible, no podremos evitar que el niño rechace las primeras papillas. Por eso podemos empezar a dárselas bastante líquidas y con el biberón, provisto éste de una tetina con un orificio adecuado. Si decidimos empezar con la papilla espesa lo haremos ofreciendo primero muy poca cantidad, quizás sólo dos o tres cucharadas. Otros truquillos que funcionan… No olvidemos que, aunque ya coma papillas, él todavía necesita seguir chupando. Por eso es muy recomendable mantener el biberón o, si se desea, el pecho, hasta los diez o doce meses, combinándolo con las papillas. Si le es difícil adaptarse a la cuchara, también podemos darle el chupete para ayudarle a tragar después de introducir una cucharada de comida en su boca. Esta última técnica no debe prolongarse más allá de los 9 o 10 meses. Otro procedimiento bastante útil es empezar y acabar las comidas con el biberón de leche o el pecho materno.

El pediatra nos indicará qué tipo de papilla es la más conveniente para nuestro hijo. Normalmente se comienza por la papilla de cereal de arroz, ya que no contiene gluten. El gluten es una sustancia que se encuentra en la harina de algunos cereales y que puede provocar intolerancia en muchos bebés. Es muy conveniente que no coman nada que contenga esta sustancia hasta pasados los nueve meses de edad. Y cuidado… el gluten también se encuentra en el pan, las galletas o los bizcochos.

Bajo ningún concepto debemos añadir más leche a la papilla que la que indica el fabricante. Mucha gente piensa que si añade más leche su hijo estará mejor alimentado, pero esto es un error ya que se corre el riesgo que la papilla sea demasiado pesada y provoque problemas digestivos. De la misma manera debemos tener cuidado con la cantidad de cereales que le damos a nuestro hijo, no añadir cereales a las papillas de frutas y no darle más de una papilla de cereales al día. Así evitaremos el exceso de calorías.

La cuchara: ¡qué revolución!
La introducción de la cuchara va a significar un cambio casi revolucionario en la cotidianidad de nuestro hijo. Pensemos que hasta ahora, nuestro bebé estaba acostumbrado a estar en brazos mientras se alimentaba y a mirar a los ojos de su madre. En cambio ahora debe mantenerse sentado en una silla apartado del calor corporal, fijar su atención en la cuchara, coordinar la llegada de la cuchara con abrir su boca, aprender que el hambre se satisface con alimentos distintos a la leche y que esos alimentos no se tomen succionándolos… ¡Ufff! ¡Cuántas cosas nuevas!

Por todo esto es importante introducir la cuchara en el momento apropiado y no antes, ya que si lo hiciéramos antes de tiempo el bebé podría vivir estas novedades con mucha inseguridad y rechazarlas. Y lo que buscamos ahora es que la transición sea tan lenta y placentera para el bebé, que casi no se de cuenta y la incorpore a sus conocimientos de una forma casi automática.

Como la introducción de la cuchara conlleva tantos cambios, debemos hacerlo de forma gradual. Primero, cogeremos al bebé y lo alimentaremos con la cuchara pero sentado en nuestro regazo y de espaldas a nosotros. Así habremos introducido un cambio importante (ya no podrá ver la cara de su madre) pero al estar recogido en sus brazos no se sentirá desvalido. También podrá aprender a mirar la cuchara, cómo se acerca y se aleja y a coordinar el movimiento de abrir y cerrar la boca. Poco a poco podremos sentarlo cómodamente en su sillita y alimentarlo cara a cara.

Debemos escoger una cuchara apta para nuestro bebé: del tamaño adecuado, de plástico y con los bordes redondeados para que no se haga daño en las encías. Es posible que al principio chupe la cuchara como si fuera el pecho o el biberón y que luego intente hacerse con la cuchara para usarla él solito. Debemos proteger debidamente la mesa y la ropa del bebé, para que éste pueda experimentar a sus anchas sin miedo de que se manche. Los ejercicios con la cuchara le ayudarán a adquirir destreza para aprender a comer solo. Podemos ofrecerle otra cuchara a la que usamos nosotros para que él la vaya manoseando mientras le damos de comer. Y, aunque se ensucie, hay que dejarle llevar la comida a la boca con las manos ya que forma parte de su aprendizaje.

Dar la bienvenida a la fruta y la verdura
Una vez nuestro hijo se haya acostumbrado a las papillas de cereales podremos ir introduciendo las frutas y las verduras de forma gradual. Alrededor de los 5 o 6 meses, nuestro bebé ya estará capacitado para estos nuevos sabores. Si al probar las nuevas papillas, el niño la rechaza o la escupe, no insistiremos y probaremos unos días más tarde.

Las papillas de frutas, al ser más dulces, serán mejor recibidas por nuestro bebé. Por eso se recomienda introducir primero la papilla de verduras y luego la de frutas. De hacerlo al revés, el bebé notaría la papilla de verduras sumamente desagradable en comparación con la de frutas. Para conseguir un sabor más agradable y suave en las papillas de verduras, el puerro es el mejor aliado, mientras que el ajo, la cebolla, la col y el repollo es conveniente dejarlos hasta que nuestro hijo tenga un año o más.

La papilla de cereales se acostumbra a dar por la mañana, la de frutas por la tarde, y la de verduras por la noche.

Los potitos
Los potitos están fabricados bajo estrictas medidas higiénicas y son muy cómodos de utilizar. Nunca se les debe agregar sal o azúcar, ya que llevan la cantidad exacta que el bebé necesita. Se recomienda utilizarlos juntamente con las papillas caseras ya que, al tener un sabor y una textura muy uniformes, el bebé podría acostumbrarse mal y rechazar las texturas y los sabores un poco más fuertes de las papillas caseras.

Y a partir de los doce meses de edad, nuestro hijo estará en condiciones de lanzarse a descubrir todas las posibilidades y delicias de la dieta adulta. Como hasta ahora, despacito y buena letra.

Itziar Franco Ortiz

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