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Para poder cambiar el mundo hay que criar bien desde la cuna

Para poder cambiar el mundo hay que criar bien desde la cuna.

El desamparo de los niños pequeños se hace socialmente visible, unos años después, en la edad de la adolescencia. Para criar bien a un bebe sin que se produzcan frustraciones hay que comprender profundamente los aspectos oscuros de la maternidad, que son exactamente lo opuesto a lo que nos cuentan las revistas”, dice la psicoterapeuta argentina Laura Gutman.

“La guerra de Irak es tan grave como las guerras ocultas que suceden por las noches en las casas. Es allí, en esas guerras íntimas y multiplicadas, donde reside la cuna de la violencia colectiva”, afirma.

Nacida en Buenos Aires en 1958, a los 22 años Gutman se graduó en París en psicopedagogía clínica. Después se especializó en temas de familia. De orientación junguiana, se formó con la renombrada psicoanalista francesa Françoise Dolto.

Influida por el pensamiento de Michel Odent, el obstetra que introdujo el alumbramiento natural y el parto acuático en los hospitales franceses, Gutman creó en la Argentina, a su regreso, el Centro Crianza, especializado en la atención de madres y padres con niños pequeños. En su reciente y provocador libro Crianza, violencias invisibles y adicciones , pone la lupa sobre las distintas formas de la violencia y sostiene: Entre las guerras públicas y las libradas en el seno de las familias sólo hay una diferencia de escalas.

Durante la entrevista, dice: Hoy, la maternidad es mucho más complicada que antes, porque las mujeres estamos desarrollando nuestra identidad en el mundo público. No nos parecen compatibles la libertad, la autonomía y la maternidad. Y porque construimos nuestra identidad afuera, cuando nace un bebe, que nos demanda las 24 horas del día, sentimos que nos devora.

Gutman usa el neologismo maternaje para describir la nutrición emocional necesaria para desarrollarse en el mundo adulto con autonomía. Pero sobre todo bucea en la falta de maternaje y en sus consecuencias sociales: la violencia, las adicciones, el consumo de alcohol y droga en los adolescentes.

-¿Cómo se conectan las carencias de maternaje con la violencia social?

-Comprendiendo que la maternidad no es lo que vemos en las revistas. Se trata de un fenómeno absolutamente misterioso. Nos conecta con nuestros lugares más sombríos. Decimos que hay violencia cuando no podemos tolerar que dos deseos compartan el mismo territorio emocional. Si mi deseo tiene que ganar y expulsar el deseo del otro para concretarse, hay una dinámica violenta. Entonces, cuando nace un chico, por más deseado que sea, si tuvimos una historia de desamparo emocional, se instaura una guerra de deseos y necesidades entre la madre y el bebe. El hijo chiquito necesita el cuerpo de su mamá todo el tiempo y la madre necesita autonomía. Si venimos de una historia de poco maternaje, entonces haremos prevalecer nuestro deseo por sobre el del bebe: o me salvo yo o el chico, no hay lugar para dos. Esa es la cuna de la violencia.

-¿Qué nos espera si tocamos nuestras zonas oscuras con la maternidad?

-Las mujeres, si nos animamos a transitar plenamente el puerperio, tenemos una oportunidad única de crecer emocionalmente; de ganar en intuición, en inteligencia emocional, en lucidez. No hay otra oportunidad como ésa de generar tal transformación, si podemos replegarnos un poco del mundo.

-Pero ¿y las mujeres que trabajamos? Muchas no sólo necesitamos trabajar para ser, sino para vivir. ¿Cómo se deja el trabajo por un año, por ejemplo?

-No es el trabajo el que me necesita a mí, sino que soy yo la que necesita del trabajo. Las dificultades a que me refiero las he visto en mujeres con muchos recursos económicos y con pocos recursos. Además, ¿qué pasaría si nos damos cuenta como sociedad de que si las mujeres se repliegan un año del mundo laboral, cuando vuelven están en condiciones de darles a las empresas una lucidez redoblada?

-Me resulta fuerte la idea de que la guerra de Irak sólo se diferencia de las guerras silenciosas libradas en el interior de los hogares por una cuestión de escala. ¿Nos explica mejor esta idea?

-Nos parecen terribles las guerras y, en cambio, vemos como una nimiedad dejar a los niños llorando solos, sin la presencia de la madre. La violencia es la alianza social que nos convence de que el bebe tiene que aprender a no depender tanto de los brazos de la mamá. ¿Sabe que uno de los libros más vendidos en el mundo enseña a dejar llorar al bebe hasta que se duerme solo? ¿Y por qué? Para que entienda que este mundo es así y que nadie va a venir a acompañarlo. Dejar a un bebe llorando toda una noche equivale a su muerte espiritual. Y después, ¿cómo no vamos a salir violentos? Son pocos los padres que matan físicamente a sus hijos, pero los que los abandonan son mayoría.

-¿Esta dinámica violenta inicial trae la imposibilidad de integrar al otro?

-Para un bebe, el otro no existe. No le importa nada lo que necesita la mamá. La mamá es nutriente, ciento por ciento. Ocurre que cuando crecemos desamparados quedamos fijados a esa estructura del no me importa nada del otro. Entonces, de adultos, seguimos igual. Ese niño que fuimos desarrolla diversas dinámicas de supervivencia: se impone al otro, le cuesta integrar las ideas del otro, se llena de comida, de droga, o encuentra la manera de que el otro deje de ser sí mismo, porque tengo que llenarme yo, que estoy muy vacío. Son dinámicas que producen sistemas vinculares violentos, o producen la sociedad de consumo.

-¿El consumismo también puede ser una forma de violencia?

-Sí, está en esa dinámica. Me lleno de objetos yo o a mis hijos porque me cuesta darles tiempo.

-Hoy se ve alcoholismo en los adolescentes y crecen las noticias de muertes por sobredosis.

-Se trata del mismo desamparo de los niños pequeños que, unos años después, se hace socialmente visible en los adolescentes. Es entonces cuando se ve el grado de consumo que necesitan para cubrir la falta de nutrición emocional.

-¿El planteo actual de lucha contra las adicciones no sirve?

-No estoy de acuerdo con el concepto de lucha. Muchas veces es imposible luchar contra una parte de uno mismo.

-¿El cambio viene a partir de una suma de transformaciones individuales o colectivas?

-Considero más posible cambiar en términos individuales, cuya suma dará una masa crítica. Por eso creo que, para cambiar el mundo, primero hay que cambiar la forma de criar a nuestros hijos.

Tomado de lanacion.com.ar

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