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El parto de ser mamá primeriza

El parto de ser mamá primeriza.

Libros, Internet, programas de televisión, yoga, curso prenatal y ejercicios de estimulación para el bebé son tan sólo algunas de las maneras con las que las primigestas de la actualidad se preparan. Ahora, las futuras madres asumen el embarazo como si cursaran un master en una universidad. Luego comprenden que aunque la información ayuda no se compara con la experiencia y sabiduría del instinto materno

Están sentadas alrededor de un círculo y todas tienen la misma expresión en sus caras. Es como si un signo de interrogación se dibujara en sus rostros. Una de ellas rompe el silencio y dice estoy aquí porque me da terror el parto. Las otras asienten con la mirada y comienzan a hablar: Me da miedo no ser capaz de cuidar al bebé porque no tengo ni a mis padres ni a mis suegros cerca; quiero acabar con los viejos temores; por más que uno lea siempre es bueno conocer otras experiencias. Y así, una a una, las 13 madres primerizas que ese sábado decidieron ir al taller prenatal, se desahogan.

Beatriz López, fundadora de Embarazarte, una institución que ofrece cursos y clases para futuras mamás, es la encargada de dirigir la sesión. Le indica a sus alumnas que inicien, al ritmo de una suave música, una lenta caminata en la que deben ir sintiendo cada una de las partes de su cuerpo.

La actividad culmina con una moraleja, así como caminar puede convertirse en un acto consciente y dejar de ser una acción mecánica, también lo puede ser el parto. En el próximo ejercicio las embarazadas debían dramatizar un parto: una de ellas es el médico, la otra la enfermera, la abuela, la madre y el padre.

Marianela de Velásquez, publicista de 24 años y seis meses de embarazo, dice que fue al taller de Embarazarte porque es una madre muy bien informada: Tengo libros, revistas y reviso Internet, pero pienso que para calmar las inquietudes hace falta, además, compartir experiencias. Ella no es un caso único, pues en la actualidad las primerizas se valen de todos los medios a su alcance para estar lo más preparadas posible. De este modo, los programas de televisión, la información en la web, los libros, y los cursos se convierten en cita obligada.

Así le ocurrió a Mercedes B., abogada de 34 años y madre de Andrés de cuatro, quien apenas se enteró de su embarazo devoró libros como si se preparara para un postgrado, observó tantos programas de televisión como fue capaz, y hasta se inscribió en un curso prenatal. Esa ansiedad voraz la atribuye a la evolución de la maternidad en la sociedad: Ahora, las madres solemos tener los hijos tardíamente y luego de una profesión hecha, añoramos un `manual’ para rodearnos de posibles certezas.

Beatriz López, economista y educadora prenatal, coincide en que la incorporación de otros roles como el profesional, han cambiado la forma en que se vive el embarazo: Llevamos una vida tan agitada que no tenemos tiempo de ahondar en la condición de mujer y no confiamos en nuestros instintos. Cuando estás embarazada es que dices `ahora sí, ahora necesito saber si lo estoy haciendo bien’ y comienzas a buscar información, que llega por todos lados menos por las experiencias de las madres o abuelas, que sería lo ideal.

Apenas se enteró de su estado, Jesualin Colmenares, contadora pública de 30 años y cuatro meses de embarazo, mandó a su esposo a la librería más cercana: En Internet hay muchos datos pero no todos son confiables por eso buscamos un libro. Compramos Qué esperar cuan do se está esperando, y lo leemos todas las noches juntos. Yo llevo anotaciones de todo lo que voy sintiendo. Geraldine Mimo de 29 años también ha recopilado toda la información que le ha sido posible en sus ocho meses de embarazo. Me estoy metiendo un puñal pues cuando estás bien enterada eres menos susceptible a que te embasuren la cabeza. Además, hago yoga porque me ayuda a ejercitarme corporalmente y a relajarme.

Carmen Mujica, educadora prenatal y coordinadora médico de Buen Nacer –institución que promueve el parto natural– afirma que en la actualidad las primerizas tienen más temores. De repente es por la edad. Yo siempre les digo que en vez de estar viendo alrededor desesperadamente, observen hacia atrás, hacia la experiencia de sus mamás. Se ha hecho más tecnocrático un evento que es del cuerpo, afirma.

Hace 24 años las cosas, por supuesto, eran diferentes. Lilia Socorro, geógrafa de 52,recuerda haber vivido su parto con más tranquilidad y sin desbordarse de información. La estimulación prenatal no se conocía. Yo compraba libros y sabía algunas cosas, pero no era como ahora. Confiaba en lo que me decía el obstetra y mi mamá.

D E L D I C H O A L H E C H O
Desde el momento en que Fabiola Aponte,comunicadora social de 35 y madre de Santiago de siete meses, se enteró de su embarazo comenzó a buscar información. También hizo el curso prenatal y allí le enseñaron desde cómo hacer la maleta que se iba a llevar a la clínica hasta amamantar y cuidar a su bebé, y aunque la información fue de utilidad comprendió que entre la teoría y la práctica hay un abismo: No tiene parangón con lo que me habían dicho, te lo pintan como una publicidad eterna, todo el mundo feliz y sonreído y la realidad es diferente. Sufres un proceso hormonal súper fuerte. Sientes una impotencia horrible cuando el bebé no para de llorar y no te queda sino adivinar qué le pasa. Es como si te lanzaran al vacío. Esas son las cosas que no te dice nadie. Por eso, para mostrar la cara de la maternidad que ella vivió escribió el blog: http://cofradiama ma.wordpress.com. Mercedes B. también tuvo que enfrentarse a los imprevistos que trae consigo la realidad, pues por más que se preparó con clases de respiración para un parto natural y apartó la música de Mozart para ponérsela al recién nacido, la naturaleza desbarató toda planificación: Tuve un parto adelantado, se impuso la cesárea y las canciones que escuchó mi hijo eran las que ponían las enfermeras y que obviamente estaban más cerca del reguetón que de Mozart.

En los cursos de educación prenatal le suministran a la nueva mamá y su pareja la mayor cantidad de información posible: estimulación prenatal (hablarle al bebé, colocarle música y luz cuando está en el útero), cambios durante el embarazo, opciones del parto (natural, en agua, vertical, cesárea), métodos de relajación, tácticas para disminuir el dolor,lactancia materna y cuidados del recién nacido.

Freddy González, gineco-obstetra y coordinador del programa de Educación Prenatal del Centro Médico Docente La Trinidad, explica que el hecho de parir causa mucha angustia y que los cursos sirven para aclarar dudas. Sin embargo, hay una realidad que es el recién nacido, él también está aprendiendo y necesita tiempo para adaptarse. La madre por su parte aprenderá a entender a su bebé.

Beatriz Manrique, psicóloga clínica y educadora prenatal desde hace 25 años, coincide con González: Uno intenta saciar todas las dudas, pero es imposible cubrirlo todo porque hay que considerar las diferencias individuales.

El llanto es uno de los temas que más inquieta a las madres. Cuando su hijo Daniel Alejandro no paraba de llorar,Adriana Mendoza, pediatra de 28 años, lloraba con él. Le daba de comer y seguía llorando. Le sacaba los gases y no cesaba.

Veía el pañal y no tocaba cambiárselo.

Por su profesión, hasta llegó a examinarlo con el estetoscopio y el termómetro y se daba cuenta de que estaba sano.

¿Entonces por qué lloraba Daniel Alejandro? Lo descubres con él, con el tiempo vas entendiendo sus llantos: si es por hambre,porque está cansado,porque tiene mal humor. Había ciertas ropas que no le gustaban y lloraba y yo se las quitaba. La primera vez que lo vi con diarrea y que no quería comer me puse a llorar.

Ahora entiendo a las mamás de mis pacientes bebés, explica Mendoza. Y es que si hay quien dé fe de las angustias de las madres primerizas son los pediatras. Guillermo Stern dice que a su consulta llegan llenas de dudas: Entre las abuelas, las amigas, las vecinas, llegan atosigadas. Todo el mundo quiere ser el pediatra del bebé. Te llaman con mucha frecuencia, pero eso va cambiando con el tiempo.

Eso lo sabe Mercedes B., pues después del maratón informativo al que se sometió comprendió que debía confiar en ella: Durante el primer año revisé los libros para buscar entre líneas las respuestas necesarias. ¿Estará bien que duerma tanto o le faltan horas de sueño? ¿Estará comiendo lo suficiente o lo estaré atiborrando? Los cursos obviamente me ayudaron muchísimo, pero algo es cierto: todo esto es válido pero no hay que hacerse ilusiones pues nunca otorga las certezas que uno añora. Por fortuna, eso que llaman instinto materno también existe.

Tomado de El Nacional

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