La Odisea de Nacer

  • 3/9/2010 8:19:17 PM
  • Parto

Dicen que el momento del parto es crucial para un ser humano. Y para explicado hay desde postulados sicológicos o científicos hasta espirituales. Porque, al parecer, tu bebé construye su historia durante los nueve meses que está contigo; experiencias que junto con el momento de nacer, marcan su vida. Es tan decisivo que Freud lo llamó el Yo rudimentario.

Es un hecho que tu hijo está en capacidad de sentir todo lo que le ocurre en esos instantes. Y aunque las teorías aseguran que este es un momento de gran tensión para él, la naturaleza es sabia y a pesar de ser tan pequeño y delicado es fuerte para salir airoso de este proceso, especialmente, si cuenta con tu ayuda.

Preparados para el Momento
Tu hijo está contigo, apoyándote, para llegar al objetivo final juntos, y esta es una razón para tranquilizarte. Los expertos aseguran que unas horas antes del parto, el bebé empieza a absorber la mayor cantidad posible de nutrientes, como una manera de asegurarse la energía necesaria para el gran trabajo que le espera. Asimismo, provoca la producción de una gran cantidad de endorfinas, sustancias que ejercen la función de analgésicos. Tú también puedes ayudarle en este proceso si conservas la calma y el buen ánimo a pesar del dolor, de este modo no le transmitirás las sensaciones de estrés, miedo o preocupación, o al menos serán en lo posible, más leves. Si estás nerviosa o tienes mucho miedo, produces adrenalina, noradrenalina y cortisol, hormonas encargadas de ponerlo en alerta y de hacerle sentir que algo malo está ocurriendo.

La idea, entonces, es que controles tus emociones negativas al máximo, y sin duda lo lograrás si llegas bien preparada a este día.

Inicia el Viaje

Llegó el momento culminante. El bebé percibe las primeras contracciones como un masaje delicado sobre todo el cuerpo; luego, cuando se intensifican, empieza a sentir que es comprimido y empujado. En esta etapa, tu hijo adopta la llamada posición fetal, con la cabeza inclinada, la barbilla apoyada en el pecho, piernas y brazos encogidos y puños apretados. Esta ubicación facilita su paso a través del canal del parto.

Gracias a tus pujos sabe el camino que debe seguir y sus pulmones se preparan para respirar, pues el líquido amniótico es expulsado. Cuando su cabeza empiece a asomarse tal vez experimente una leve molestia, porque tiene que ajustarse al tamaño y a la forma de la pelvis. Pero una vez afuera, a los pocos segundos sale un hombro, después el otro y por último el resto del cuerpo.

Aquí su tórax se expandirá, lo cual es un estímulo para empezar a respirar normalmente. No hay manera de saber con certeza cuál es la sensación, pero está comprobado que su pequeño corazón se acelerará cada vez que pujes y, además, disminuirá el flujo de oxígeno y de sangre. De igual forma, como es sabido, sus sentidos ya están desarrollados, por lo tanto escucha todo a su alrededor, aquí es bueno, si es posible, que tú y tu esposo le hablen para tranquilizado.

¿Misión cumplida? Con el nacimiento no terminan las emociones para este pequeño guerrero, todo lo contrario, continúan. Al salir al mundo segrega catecolaminas, las hormonas que inducen a sus pulmones a respirar sin ayuda. A la vez, tiene su primer encuentro con los cambios térmicos. Sentirá frío, porque está mojado y, además, pasará de los 36,5 °C de la panza de mamá al ambiente de la sala de parto. El aire que lo rodea no es tangible, como sí lo era, hasta ese momento el líquido amniótico que lo protegía y acariciaba; por lo mismo tendrá una sensación de vacío. Su reacción será la de llorar (esto también estimula sus pulmones). Sus movimientos incontrolados serán reclamos de malestar ante lo que acaba de pasar y frente a las luces, los sonidos extraños y la manipulación del personal médico.

Si tu parto ha sido complicado se deduce que tu bebé ha sufrido y tal vez nazca cansado, lo cual disminuye su capacidad para responder ante los estímulos. En este caso, el médico le frotará la espalda o le masajeará las plantas de los pies; de todos modos no hay que sorprenderse si el bebé no llora, tarde o temprano se hará sentir de algún modo. Al final del proceso, es importante que el recién nacido sea colocado lo antes posible en tu pecho y sienta tu voz; escuchar algo conocido lo relajará y le indicará que todo está bien. No importa que un poco más tarde los médicos se lo lleven para revisar su frecuencia cardíaca, respiración, peso y talla.

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