Fin de Curso ¡Gran Estreno!

La cámara de fotos, la de video, los últimos retoques en el disfraz y todo listo para disfrutar la función de fin de curso. Los que ya tienen cinco o seis años no es a primera vez que se suben a un escenario. Quizá, el lugar les resulte familiar y guarden recuerdos de representaciones anteriores. Pero, ¿cómo lo viven a esta edad? Antes, con tres o cuatro años, no tenían una «dimensión social» del mundo muy nítida. Ahora han adquirido una perspectiva más realista.

DURANTE LOS PREPARATIVOS. Hay que ofrecer e un papel y un lugar acorde con él. Que haga eso para lo que tenga unos recursos personales mínimos, de lo contrario, estamos sobreexponiéndolo a una situación estresante que no le va a reportar ningún beneficio. Al niño tímido hay que respetarlo porque su experiencia sólo va a ser satisfactoria y educativa si la vive desde donde é se sienta cómodo.

ANTES DE LA ACTUACIÓN. Si en el último momento decide que no quiere intervenir, podernos proponerle que se coloque en un sitio (en última fila, incluso al lado de la maestra) desde donde pueda ser partícipe, sin estar demasiado expuesto. Si lo obligamos, los resultados serán contraproducentes: no lo disfrutará, perderá confianza en sí mismo y la próxima vez dirá que no desde el principio, sin ni siquiera intentarlo.

CREAN SU PROPIO CÍRCULO SOCIAL. Están en una especie de «etapa intermedia» en el proceso de maduración de las relaciones sociales y disfrutan con las fiestas, celebraciones, cumpleaños... El sentimiento de pertenencia a un grupo está más arraigado. Su placer por «figurar» y «ser vistos» contribuye a que a obra de fin de curso sea motivo de emoción, ilusión y orgullo. Incluso los más tímidos (aunque se mantengan en un segundo plano) se sentirán orgullosos de formar parte de una actividad grupal dirigida a los papas y las mamas. Y, en general, son más perfeccionistas y tienen mayor sentido del ridículo.

Los últimos meses del curso, los profesores dedican tiempo y esfuerzo a organizar todo. Los niños ensayan canciones y preparan bailes, mientras los padres hacen o compran los disfraces.

- Los enriquece. Es una actividad que da importancia a valores tan básicos en el desarrollo como la creatividad, la expresión corporal, la improvisación, las emociones y el trabajo en equipo. Da a los niños la oportunidad de trabajar áreas que quedan en otro plano por ser menos académicas.

- Aprenden a esforzarse. Los niños entienden que todo resultado depende de un esfuerzo previo y que una celebración de este tipo no tendría sentido sin el trabajo que hay detrás.

- Papá y mamá van a la «escuela». Familias y maestros tienen la oportunidad de relacionarse de una forma abierta y divertida. Además, es una ocasión estupenda para que los hijos vean que existe una conexión entre padres y escuela.

- Y van a ver su actuación. Cualquier actividad que tenga lugar dentro del colegio debe ser primordial para los padres. Se trata de un momento importante para el niño que sólo cobra sentido gracias a la presencia de papá y mamá.

¿Y si no podemos ir a verlo?

Díselo al niño. Avisarle unos días antes, comprender sus sentimientos (tristeza, decepción, rabia, enfado...) y tolerarlo.

Asume tus limitaciones. No intentes que tu hijo le haga sentir bien aceptando la situación.

Buscar a un testigo. Los padres deben enviar a alguien (un abuelo, una tía, una amiga...) que lo apoye y que intente grabar o fotografiar la función.

Recordarle que sí te importa. «Comprendo que estés herido y lo siento en el alma. Pero me interesa muchísimo tu trabajo y le he pedido a X que lo grabe todo para verlo juntos esa misma noche». Escuchar unas palabras como éstas será suficiente para él.

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