Vencer la timidez

Es aprendida o genética? Es la gran pregunta que se han planteado los investigadores de la timidez. La conclusión mas aceptada es que existe un origen biológico, pero el ambiente, la educación y la experiencia de la vida son también muy importantes. Aproximada mente entre un 10 y un 20 por ciento de las personas nacen con predisposición a la timidez y la introversión. Estas se van manifestando desde la cuna, pero las experiencias, la educación recibida y el papel de los padres pueden hacer que se superen.

La infancia, el mejor momento

Superar la timidez es un proceso lento, que requiere paciencia. Un niño tiene su personalidad todavía muy moldeable lo que hace que sea más fácil ayudarle. Y es importante ayudarle porque en la edad adulta puede condicionar su vida negativamente. En principio, podría parecer un problema de menor importancia, que afecta solo al ámbito de las relaciones sociales con desconocidos; sin embargo, dado la importancia del ámbito de lo social, las implicaciones sobre la calidad de vida son extensas. No se trata solo de que vaya a tener pocos amigos o salga menos; los estudios demuestran que las personas tímidas consiguen puestos de menor responsabilidad, son mas vulnerables a la manipulación por parte de otros y, en el caso de las mujeres, tienen mas probabilidades de terminar dedicándose solo a los trabajos domésticos.

Como punto de partida para ayudar a nuestros hijos es aceptarle como es, demostrándoselo día a día y, poco a poco, ayudarle a cambiar. La timidez se supera pasito a pasito porque buscar remedios apresurados es hacerlo “en vano”, y las descalificaciones hacia su actitud, el menosprecio o la burla solo contribuyen a dar pasos hacia atrás.

Para actuar sobre la timidez hay que incidir sobre aquellos factores que la generan. La timidez se alimenta de una serie de pensamientos y fantasías negativas que la persona tiene en su cabeza; la mejor manera de eliminarlo es sustituirlo por pensamientos contrarios de carácter positivo. Los padres contribuyen a esta transformación a través de sus comentarios, opiniones y actitudes. Además:

Evitar caer en las etiquetas.
Si llamas a tu hijo tímido, aunque sea con buena intención, por ejemplo, para disculparle delante de otro adulto cada vez que se refugia detrás de ti, terminara por pensar que el es así.
Enséñale habilidades sociales que le hagan más fácil relacionarse. Favorece sus encuentros con otros niños, pero sin forzarlos.
Por ejemplo, puedes llevarle al parque todas las tardes, invita a casa va algún compañero con el que pueda congeniar y apuntarle a alguna actividad extraescolar que le guste y con la que este de acuerdo.
Intentar no ser excesivamente critico con el para tratar de elevar su confianza en si mismo y ayúdale a que también el rebaje su nivel de autocritica. Evita sobreprotegerle y dale responsabilidades acordes con su edad.

Para eliminar el miedo al ridículo, lo mejor es el ejemplo. Evita comentarios que demuestren excesiva preocupación hacia el que dirán y no emplees la critica destructiva hacia los demás.

Utilizando técnicas como la relajación se puede reducir la ansiedad excesiva. Consulta a un profesional que te oriente, si este es su caso.

Cambiar los pensamientos

Pensamientos a eliminar.
Si me equivoco todos se van a reír de mi. Voy a hacer el ridículo. Todo el mundo esta pendiente de lo que hago.
Todos saben hacerlo mejor que yo. Si no soy perfecto no me van a querer/respetar.
Es mejor no arriesgarse, así no puede salir mal.

Pensamientos a reforzar.
Todo el mundo se equivoca de vez en cuando.
Hay cosas que se me dan muy bien.
Tengo derecho a tener mis propias opiniones.
Todo el mundo tiene cosas que se le dan mal.
Aunque me haya salido mal estoy orgulloso por haberme arriesgado.

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