Vacunas: Asegurando el bienestar y la salud de tu bebé

El término de vacuna es definido según la Real Academia Española como un “virus o principio orgánico que convenientemente preparado se inocula a una persona o a un animal para preservarlos de una enfermedad determinada. Es decir, las vacunas son antígenos (compuesto integrado por un virus o bacteria inactiva) que se le inyecta a un ser humano para protegerlo de algún padecimiento.

 

Es importante señalar que las vacunas sólo son efectivas si son aplicadas antes de que se presente la enfermedad. Esto es traído a colación por Guía Mamá y Bebé, puesto que según cifras de la UNICEF, al menos 1,7 millones de niños fallecen en todo el mundo cada año a causa de afecciones fatales que pueden evitarse administrándoles vacunas. Según los expertos, es fundamental que los padres durante los primeros meses de vida del bebé le apliquen las inmunizaciones correspondientes a su país en los lapsos adecuados para librarlo de sufrir afecciones.

 

Enfermedades como la difteria, la tos ferina, la poliomelitis, el sarampión, la meningitis, la hepatitis, la neumonía, el polio, la rubeola, la varicela, entre muchas otras suelen ser factores de ataque a los niños antes de que cumplan el primer año de edad.

 

El bebé necesitará más de una dosis para casi todas las vacunas para cuando cumpla 2 años por ello es vital que los padres no sólo se preocupen porque el pequeño reciba sus vacunas, sino que se cumpla con las dosis para asegurar que hagan efecto.

 

Las vacunas suelen generar leves efectos secundarios en las 48 ó 72 horas posteriores a su aplicación, como fiebre, irritabilidad o ulceración en la zona de la inyección. Para estos casos UNICEF recomienda que se le proporcione más cantidad de leche materna, una buena alimentación y abundantes líquidos. Es importante que si los síntomas persisten se acuda al médico.

 

La primera vacuna que debe recibir el recién nacido es la que lo protege contra la tuberculosis (BCG). A los 15 días le debe seguir la de la Hepatitis B y, más tarde, le toca la de la polio, la triple (difteria, tétanos y tos ferina), la haemophilus influenzae tipo B, la de neumococo y la segunda dosis de hepatitis. Todas son inyectadas, menos la de la polio que se administra en gotas.

 

Los padres juegan un rol fundamental ya que  tienen la responsabilidad de llevarlos a los centros de salud para que se las administren y puedan mantener a través de las tarjetas de vacunación el control de las inmunizaciones. Vacunar a un niño es darle la oportunidad de llevar una vida sana en la que puede desarrollar todas sus capacidades a plenitud.

 

Una de las acciones que le brinda al bebé mayores anticuerpos que lo protegen de enfermedades es la lactancia materna. La leche amarilla y espesa que se produce durante los primeros días después del parto inmuniza naturalmente al pequeño contra la neumonía y la diarrea, entre otras afecciones. Mientras el niño sea amamantado contará con esa protección.

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